No lo logró. El Real Madrid volvió a caer en la piedra de los octavos de final de la Champions League. Esta vez, se suponía, iba a ser diferente. Los prolegómenos así lo hacían pensar. Un resultado no muy complicado de remonta, un estadio lleno y dispuesto a llevar al equipo en volandas y un rival inferior al conjunto blanco. Todo empezó bien. A los 5 minutos marcó Cristiano. Se olia una goleada grande. Y así pudo ser. Antes del gol, Kaká tuvo un mano a mano con Lloris, después Higuain disparó y Lloris despejó y el propio Higuain fallo a puerta vacía tras regatear al portero francés.
Pero la segunda parte tuvo un guión bastante distinto. Paul Le Guen, técnico del Lyon, dio entrada a Goulanons y a Kallstrom y todo cambió. El Olympique empezó a tener el control del partido y las mejores ocasiones. Y en el minuto 75 llegó el gol de Pjanic que mandaba al garete las aspiraciones del Real Madrid de jugar la final en su estadio. Ahora viene época de reflexión. No se debe hacer una carnicería de esta eliminatoria. La reflexión debe ser que en la Champions se puede tener un error (partido de ida), no dos, y el Real Madrid los ha cometido.
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