Fue un 27 de Febrero de 2006. Era un lunes posterior al partido que el Real Madrid había perdido contra el Mallorca (2-1). López Caro era el entrenador del conjunto blanco. Florentino se veía incapaz de reflotar a un equipo que había muerto victima de su conformismo y de los lujos del presidente. Desde la cruel salida de Del Bosque, habían pasado por el banquillo merengue Queiroz, Camacho, García Remón, Luxemburgo y el citado López Caro. Viendo que ninguno de ellos servía de revulsivo definitivo, tomo la decisión de irse. Sorprendió a todo el mundo del futbol. El presidente que logro fichar a Figo, Zidane, Ronaldo y Beckham, además de a Gravesen, Woodgate y Cassano, asumía que había malcriado a los jugadores y se iba.
Entonces llegó Ramón Calderón, primero con Capello, al que largo pesa a ganar la Liga y luego con Schuster, con el que repitió título liguero, pero que depsidio tres días antes del duelo contra el Barça de finales del 2008. En ese tiempo, mientras el Real Madrid “solo” ganaba dos Ligas y una supercopa de España y era vapuleado en Europa por Bayern de Munich,Roma y Liverpool, Florentino, el mismo que reconoció que había maleducado a unos jugadores por estar demasiado cerca de ellos, preparaba su regreso en la sombra. El madridismo ansiaba títulos, mas viendo la exhibición de futbol y goles del Barça del sextete, y Florentino creía tener la fórmula mágica para acabar con la sequia de títulos, que consistía, básicamente, en repetir su primera etapa, es decir fichar cracks a golpe de talonario, pensando que le volvería a dar resultado. Dicho y hecho. El lio con la asamblea de socios de Calderón puso en bandeja su regreso. Y volvió. Con ese aire de superioridad. Con presentaciones estelares de Cristiano, Kaká y Benzema. Volvía el Real Madrid a ganar dinero a espuertas. A vender más camisetas que nadie, pero sobre el césped perdía la Liga contra el Barça y caía contra el Lyon otra vez en octavos de Champions. La plantilla que el diseño, puesta en manos de uno de los mejores entrenadores de nuestra Liga, no era capaz de ganar título alguno, sin olvidar la humillación de Alcorcón.
Pero eso daba igual. Los medios le cargaron el muerto a Pellegrini, señalándole como único culpable de la derrota en Copa. El seguía intacto, sin sufrir rasguño alguno su imagen. Pero por dentro se desesperaba. No sabía qué hacer para volver a presumir de mejor club del mundo, hasta que la semifinales de la Champions le dieron la idea de fichar al técnico más polémico del mundo, Mourinho. Y ahí se le planteó el debate: ¿Qué hacer? ¿Fichar al mejor del mundo, pese a su fama de polémico que le podría ocasionar problemas al club más laureado del mundo? ¿O mantener el señorío del club acosta de seguir manteniendo a Pellegrini o de fichar a cualquier otro técnico de prestigio y humilde? Florentino no dudo. Se trajo al portugués, pese al record de puntos obtenido por Pellegrini en Liga. Pues bien hay tiene lo que tiene. Un técnico que mantiene al Real Madrid líder de la Liga y clasificado para Octavos de Champions. Pero acosta de pelarse con medio mundo. Lo de Preciado fue otra estratagema más para derrocar al rival, como lo está haciendo poco a poco con Guardiola y lo hará con quien sea con tal de ganar, acosta de dañar la imagen del club. Él el así y no iba a cambiar ahora. Posiblemente ganará títulos, pero ¿A qué precio? ¿Al de dejar por los suelos la imagen señorial del club? ¿Merece la pena? Para Florentino sí.
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