Partido grande en San Siro. Los dos últimos finalistas de la Champions se medían en un duelo que sonaba a revancha. Es verdad que faltaban algunos de los protagonistas en 22 de mayo en Madrid, como Diego Milito (se ha notado mucho su ausencia) o Mourinho (se ha notado todavía más). El partido empezó con arreones del Inter buscando un gol rápido que le permitiera jugar a la contra, sin preocuparse por tener que mandar. El principal culpable de que no llegase el gol fue el joven Kraft, sacando un disparo a bocajarro de Cambiasso.
Poco a poco, los pupilos de Van Gaal se hacían con el control del partido y ahí sobresalió Robben. Primero con un centro que remato al larguero Ribery, y poco después era Mario Goméz quien enviaba a las nubes un rechace dentro del área tras centro del extremo holandés. El Inter, con Sneijder desaparecido, se encomendaba a Eto,o en la búsqueda del gol. Lo intentó varias veces, pero Kraft le contuvo. En la segunda parte, misma tónica, con un Bayer que le bastaba darle el balón a Robben para crear peligro. Lucio mantuvo el 0-0 con una demostración impecable en defensa, recordando a otra gran actuación que tuvo el año pasado en el Camp Nou. En los minutos finales, el Inter se volcó en busca del gol, y pago caro su atrevimiento. En una contra, Robben sacaba un disparo que Julio Cesar no sabía atajar y dejaba muerto en el área. Mario Gomez, haciendo honor a su explosión a gran delantero este año, marcaba un tanto que vale su peso en oro.
El Bayer fue superior y encontró un gol que no hacia justica a su superioridad, pero que le acerca a los cuartos. Mucho tendrá que mejorar el Inter si quiere evitarlo.



