Acabó el año futbolístico de la Roja. Su primer año como campeona del mundo. Y ha sido un año en el que ha habido de todo, más luces que sombras, pero las sombras han sido temibles. Los dos revolcones que sufrió en Portugal y Argentina demostraron que al ser campeones los rivales te van a salir a degüello. Luego, la otra sombra fue el pique de los futbolistas del Barcelona y del Real Madrid por lo de los cuatro clásicos. Visto es dos partidos en USA y Venezuela, parece que no hay riesgo de enemistad permanente. Hasta Agosto, que vuelve la Supercopa.
Dentro de las luces ha estado el juego del equipo. Independientemente del rival y de los jugadores, siempre España ha optado por tener el balón y crear peligro desde el inicio. Para seguir con ese estilo es importante la aparición de un futbolista como Borja Valero, clave en la fenomenal temporada del Villareal y que afrontará el reto de consolidarse en una selección camino del Europeo.
El futuro se presenta brillante, pero con algunas nubes en el horizonte. Parece ser que la defensa es la zona donde más dudas hay. Puyol apenas ha jugado y Marchena es otro con fecha de caducidad, al igual que Capdevila, que ha perdido el puesto en el Villareal con Catalá. Y por detrás la gente que juega en esas posiciones no se acaban de asentar. Solo San José en el Athletic parece un fijo en su equipo. Ni Dominguez, Didac o Victor Ruiz acaban de dar ese paso adelante que les podría abrir las puertas del combinado nacional. En cuanto al medio campo, jugadores del corte ofensivo sobran, y en cuanto a la delantera la duda es Torres y su nivel físico y el o los delanteros que acompañaran al de Fuenlabrada y a Villa en la Eurocopa. Negredo y Soldado han acabado muy bien el año. Llorente no tan bien pero ha marcado cerca de 20 goles, además de los que surgan este año.
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