Se hizo el milagro, o no tanto viendo los dos partidos. El Mirandés está por meritos propios en semifinales de la Copa del Rey más apasionante de los últimos años. Este equipo, que va camino de ganarse el corazón de toda España, si no lo ha hecho ya, encabezados por el Zidane de Miranda, el gran Pablo Infante, es un ejemplo de equipo humilde pero que confía en sí mismo. El año pasado perdieron el ascenso a Segunda por 5 minutos, en la ida perdieron la ventaja del 0-2 en 5 minutos y hoy, a falta de dos minutos, las crónicas dirán que fue Caneda, pero toda Miranda del Ebro empujó ese balón que se alojó en la red y batió a Casilla. Precisamente Casilla había evitado en el 91 el gol en un mano a mano clarísimo. Pero el Mirandés, con el portero Nauzet en el área rompió los pronósticos. Hay que decir que el Mirandés, en ningún momento del partido se vio claramente superado. Tras una primera parte de empuje del equipo local, el Espanyol se encontró al salir de los vestuarios con un gol de Rui Fonte de remate espectacular, por lo difícil de la ejecución. En esos minutos el Espanyol tuvo un par de ocasiones claras y se podía pensar que la eliminatoria estaba muerta. Pero Pablo Infante, el máximo goleador de la Copa con 7 goles, metió a los suyos en el partido y a partir de ahí el asedio fue constante. Nauzet pasó a ser un mero espectador y Miranda se preparó para festejar un hito histórico de nuestro futbol. Y que dure
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