Desde el Sábado a las 6:30 (media hora antes del clásico) hasta las 10:30 del Miércoles transcurrieron 100 horas. 100 horas, 6000 minutos, 360000 segundos que han decidido una temporada en España. Media hora antes del clásico no se sabía ni quien ganaría la Liga BBVA, ni que final de Copa de Europa se daría, ni siquiera se sabía el futuro de los entrenadores de Barcelona y Real Madrid. Media hora antes del clásico el culé más optimista creía en Tello para engancharse a la lucha por el título y el madridista más pesimista temía a Coentrao.
El partido demostró que ni uno ni otro cumplirían con lo que se esperaba de ellos, además de no ser los actores principales de una película en la que el guapo Cristiano cerró la historia del campeonato a pase del feo con más clase que se recuerda por Chanmartín. Ozil es un placer para el degustador del futbol sorpresa, de pases imposibles, de genialidades. Entre tanto Kedhira había certificado el record de goles en una Liga y Alexis dio esperanzas a una parroquia culé que veía como este año la Liga no se celebraría en Canaletas.
Pero si la película del clásico fue intensa, la del martes por la noche en Barcelona fue una mezcla bestial de Tragicomedia con la ventaja del 2-0, la expulsión de Terry, el gol de Ramires, el fallo de Leo y la puntilla de Torres. La imagen de Messi con la camiseta cubriéndole la cara pone los pelos de punta y demostró que estos jugadores a los que a menudo ensalzamos en héroes solo son personas con el don de divertirnos jugando al fútbol, pero que también fallan. El público del Camp Nou, incapaz de reprochar nada despidió el segundo título en tres días con una ovación pocas veces vista después de perder.
Pero el guión de esta peli de 100 horas, 6000 minutos y 360000 segundos tenía un golpe de efecto más. En el Bernabéu, con el Barça fuera del camino, se veía el trayecto más despejado hacía la ansiada décima Copa de Europa. El 2-0 a los 15 minutos certificaba este pensamiento pero Robben aprovechó la enésima ida de olla de Pepe y forzó una prorroga, y por consiguiente unos penaltis que relevaron que Neuer le puede mirar a los ojos a Casillas desde los 11 metros y que el Real Madrid mandó en el balón de Sergio Ramos las esperanzas de ganar la Copa de Europa este año.
Cuando Schweisnteiger marcó el penalti decisivo, habían pasado 100 horas, 6000 minutos y 360000 segundos desde que todos esperábamos el inicio del clásico. Como cambió la película. Para perdérsela.
