-->

Buscar este blog

viernes, 24 de agosto de 2012

LA LIBERTAD DE VÁLDES


Valdés, de pequeño, sufría. Sufría porque no le gustaba jugar de portero. Lloraba por sentirse preso de esos tres palos que no le dejaban ser libre. Tomo la decisión de abandonar la portería con la finalidad de buscar la felicidad. Dejo momentáneamente el fútbol. Pero estando ya libre de esa condena con palos y red, viendo a sus compañeros de equipo jugando por la tele, sintió una envidia sana y deseos de volver, porque ese era su sitio. Y volvió. Y supero sus traumas. Y se sintió libre. Y le gustó tanto que ya más nunca la abandono.

Por el camino tuvo un par de renuncias por el camino (peleas con Van Gaal, ¿quien no las has tenido?) hasta que la portería fue su amiga. En ella era feliz y cada vez que podía intentaba ser un jugador de campo más. Por el camino, también, Víctor fue madurando, tanto en lo personal como en lo profesional, hasta que se convirtió en el mejor portero de la historia del Barcelona. Por el camino, a su vez, también surgieron voces.

Siempre hay un pero. A muchas personas les gusta recordar de vez en cuando que Valdés es irregular, que comete errores absurdos (¿cuál no lo es?), que era el chico rebelde, sin causa. Valdés callaba esas voces críticas con sus actuaciones. Pero a la mínima oportunidad volvían esas voces. Y el las volvía a callar. Y al tiempo volvían. Y así.

Valdés nunca ha dejado de intentar ser libre. Juega con los pies, intenta ser un jugador más, porque eso es lo que él quiere. Intenta renunciar de vez en cuando. Pero al final vuelve. Ancohe quiso jugar como uno más. Y fallo. Volverán las críticas, pero también las grandes noches. Valdés siempre vuelve. Quiere ser libre. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario