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jueves, 25 de abril de 2013

ROMANCE DE PRIMAVERA


Era primavera de 2007. Por aquel entonces, solo el Valencia de Quique Sánchez Flores representaba al fútbol español en los cuartos de la Champions League. Madrid y Barça habían caído en octavos contra el Bayern y el Liverpool y el novato Osasuna había caído en la fase previa ante el Hamburgo de un joven Van der Vaart y con un gol de Nigel De Jong. Solo el con junto ché había logrado dejar atrás la ronda de Octavos eliminando al Inter de Mancini y Zlatan Ibrahimovic, tras empatar a 2 en San Siro (con esta obra de arte de David Silva http://www.dailymotion.com/video/xmz1eh_2007-02-21-inter-de-milan-2-2-valencia-cf_sport#.UXkbM7WQV6k )  y empatar a 0 en Mestalla en el partido que acabó en batalla campal en el mismo césped y en los vestuarios de Mestalla. La historia de los hombres de Quique en aquella Champions acabaría en cuartos, tras otra obra de arte de un joven Silva, que empezaba a asomar la cabeza a nivel internacional (http://www.dailymotion.com/video/x1yfv8_silva-chelsea_sport#.UXkd0rWQV6k) contra el Chelsea de Mourinho con un gol de Essien en el 90.

Por lo tanto, el fútbol patrio se quedaba sin representantes en la máxima competición europea. No obstante, en la Copa de la Uefa sobrevivían tres equipos, lo que hizo desviar mi atención hacía aquella competición. Mientras de que aquella Champions apenas recuerdo la tanda de penaltis entre Liverpool y Chelsea (con un estelar Reina) en semifinales y la final que gano el Milán 2-1 al Liverpool (doblete de Inzaghi), de aquella Uefa que empecé a seguir como espectador neutral y acabe como un hincha más del Espanyol, recuerdo un 0-3 de Osasuna en campo del Leverkusen en cuartos de final, con David Lopez haciendo un partidazo y con el mitíco Ludovic Delporte también haciendo estragos, el gol de Palop en Donetsk en el último segundo (http://www.youtube.com/watch?v=PExFRbs1jLw) o la emociónate final que acabó en penaltis.

Pero por lo que siempre recordaré esa Copa de la UEFA fue porque descubrí a un técnico hasta entonces desconocido en mi limitada cultura futbolística. El Espanyol proponía un juego alegre, con muchas ocasiones y sus partidos casi nunca eran tediosos. Aquel equipo tenía al malogrado Dani Jarque de central, a Moises Hurtado como mediocentro (posiblemente mi mediocentro favorito en aquel momento, nunca entendí que un equipo de los grandes apostará por él), tenía puñales en las bandas como Riera y Rufete, al gran De la Peña en la que posiblemente fue su última gran temporada antes de que las lesiones le venciesen y a Tamudo y Luis García como referentes goleadores. Todos ellos dirigidos por Ernesto Valverde, que venía de su paso por el Athletic, donde en dos temporadas dejó al equipo 5º y 9º.

En aquel momento todo el mundo hablaba de un Sevilla espectacular, que disputaba la liga a Barça y Real Madrid, y que seguía vivo en aquella UEFA.Tenía grandes futbolistas como Dani Alves, Luis Fabiano, Kanouté o Poulsen. Quizás por eso, lo que a mí me parecía una hazaña del Espanyol, no tenía tanta repercusión. Recuerdo el partido de semifinales ante el Bremen, contra el Werder de Diego Ribas y Miroslav Klose, con un 3-0 de ventaja para los catalanes, marcó Klose pronto y parecía que tocaba sufrir (he de decir que el Werder Bremen era en ese momento mi equipo favorito fuera de España, pero yo iba con los equipos españoles, así que quería que pasase a la final el Espanyol. Quizás, el hecho de ver tanto al Bremen en aquel año, hice que pensará tras el gol de Klose que pensara que la remontada era factible y que el Espanyol lo tendría muy difícil para pasar a la final). Pero no, Klose fue expulsado en pocos minutos y Corominas y Lacruz remontaban y ponían al equipo en la final contra el Sevilla, que había remontado y eliminado al Osasuna, que había llegado a las semifinales después de caer en la previa de la Champions.

La final se juegó en Hampden Park y recuerdó que fue muy emocionante. Yo iba con el Espanyol por su juego, por lo que me había alegrado de su pase a la final, y porque aquel Sevilla que se hacía grande tenía en su presidente Del Nido una personalidad arrolladora que no ha todo el mundo le terminaba de gustar. A mí me dejaba indiferente, pero recuerdo que a mis amigos, neutrales, les caía mal, y yo, por seguir la corriente y sumar un motivo más a mi afiliación al Espanyol, pues también me empezó a caer mal. De la final recuerdo el gol de Adriano tras una larga carrera desde su campo tras saque de puerta de Palop, que el partido se fue a la prórroga, que marco Jonatás, que Moises fue expulsado (hay pensé que era imposible ganar, pues sin el mejor medio del equipo pensé que sería imposible aguantar a los Maresca,Poulsen,Keita y cia) y que se decidió por penalties para el Sevilla. Cuando vi a Palop correr tras detener el último penalti, no me alegré, sentí tristeza porque al equipo que yo apoyaba no hubiese ganado, pero tampoco fue un gran varapalo. De hecho, a los equipos que había seguido hasta el momento, tampoco habían ganado tanto como para pensar que lo del Espanyol era una desgracia. Solo había visto ganar cuatro ligas al Barça, un par de copas y la Champions de París en 10 u 11 años de consciencia futbolística. No era consciente de que quizá esa era la única oportunidad de un equipo muy bueno de ganar algo (algunos de aquellos futbolistas habían ganado la Copa hacía un par de temporadas 4-1 al Zaragoza en el Bernabéu de la mano de Lotina).

Entonces llegó mi desenamoramiento de aquel equipo. Una vez pasada la final de la UEFA, el Barcelona de Rijkaard se jugaba la liga con Real Madrid y Sevilla. El Barcelona ganaba 2-1 quedando 5 minutos y el Real Madrid perdía en Zaragoza 2-1, mientras el Sevilla empataba a 0 en Mallorca. Entonces Van Nistelrooy empató en La Romareda y en el momento que volvía al canal donde estaban echando al Barça después de ver el gol del holandés, Tamudo acababa de hacer el 2-2. La Liga se esfumaba y yo me fui a la cama bastante desilusionado con un Barça que se caía alarmantemente. Estaba frustrado con el Barça, considere que habían sido incapaces de jugar con el marcador a favor y que el Espanyol había aprovechado esa apatía culé típica de aquella temporada. No culpaba a los blanquiazules. De hecho, pensé que habían terminado bien  la temporada logrando empatar en el Camp Nou. Pero lo peor fue al día siguiente: todos los aficionados al Espanyol celebraban el empate contra el Barcelona (lógico, eterno rival, sacarle un punto es motivo de alegría) pero algunos empezaron a mofarse de haberle quitado el título al Barça. Entonces ya me empecé a venir abajo. Resulta que al equipo que yo había apoyado en aquella UEFA, que también me caía, resulta que sus aficionados, modélicos donde los haya hasta aquel momento, se reían de haberle quitado la Liga al equipo del que yo era seguidor. Hasta ese momento, yo era consciente de que había una rivalidad Espanyol-Barcelona, pero no pensé que llegase a tanto como para celebrar quitarle un título al eterno rival. Ahí se rompió mi burbuja. Comencé a entender que era muy complicado ser hincha de un equipo y seguidor de otros equipos en el mismo país. Descubrí el odio que existía en el fútbol español. Ahí acabó mi romance de primavera con el Espanyol.

martes, 9 de abril de 2013

LA ORILLA

El Málaga lo tenía hecho. Ganaba 1-2 en Dortmund en el 89’. Tenía al alcance de su mano su primera semifinal europea. Lo acariciaba con la punta de los dedos. Solo superar un descuento de 4’ le separaba de ello. 5 minutos después, las caras de Demichelis, Isco, Joaquín o Baptista eran poemas abiertos a la tragedia. Se había escapado por un gol. Por un fuera de juego no pitado. Por otro tampoco pitado. Caballero les mantuvo vivos hasta la orilla. Hasta que pudo. Aquí acaba una historia que no se sabe si va a volver. Hay sanción que cumplir y estas gestas no son fácilmente repetibles. Por quién más me jode en esta noche de lágrimas es por Manuel Pellegrini. En 4 días ha enterrado a su padre, se ha cruzado el mundo para llegar al partido, ha desbaratado a Kloop y ha visto como su obra acaba de forma abrupta y cruel. A toda esa gente que hizo cola para pillar entradas para cualquier partido, a esa gente que se desplazó con el equipo a Rusia, a Italia, a Bélgica, a Portugal o a Alemania. Sois grandes. Habréis perdido la oportunidad de meteros en semifinales, pero habéis ganado a un país.