Era primavera de
2007. Por aquel entonces, solo el Valencia de Quique Sánchez Flores
representaba al fútbol español en los cuartos de la Champions League. Madrid y
Barça habían caído en octavos contra el Bayern y el Liverpool y el novato
Osasuna había caído en la fase previa ante el Hamburgo de un joven Van der
Vaart y con un gol de Nigel De Jong. Solo el con junto ché había logrado dejar
atrás la ronda de Octavos eliminando al Inter de Mancini y Zlatan Ibrahimovic,
tras empatar a 2 en San Siro (con esta obra de arte de David Silva http://www.dailymotion.com/video/xmz1eh_2007-02-21-inter-de-milan-2-2-valencia-cf_sport#.UXkbM7WQV6k
) y empatar a 0 en Mestalla en el
partido que acabó en batalla campal en el mismo césped y en los vestuarios de
Mestalla. La historia de los hombres de Quique en aquella Champions acabaría en
cuartos, tras otra obra de arte de un joven Silva, que empezaba a asomar la
cabeza a nivel internacional (http://www.dailymotion.com/video/x1yfv8_silva-chelsea_sport#.UXkd0rWQV6k)
contra el Chelsea de Mourinho con un gol de Essien en el 90.
Por lo tanto, el
fútbol patrio se quedaba sin representantes en la máxima competición europea.
No obstante, en la Copa de la Uefa sobrevivían tres equipos, lo que hizo
desviar mi atención hacía aquella competición. Mientras de que aquella
Champions apenas recuerdo la tanda de penaltis entre Liverpool y Chelsea (con
un estelar Reina) en semifinales y la final que gano el Milán 2-1 al Liverpool
(doblete de Inzaghi), de aquella Uefa que empecé a seguir como espectador
neutral y acabe como un hincha más del Espanyol, recuerdo un 0-3 de Osasuna en
campo del Leverkusen en cuartos de final, con David Lopez haciendo un partidazo
y con el mitíco Ludovic Delporte también haciendo estragos, el gol de Palop en
Donetsk en el último segundo (http://www.youtube.com/watch?v=PExFRbs1jLw)
o la emociónate final que acabó en penaltis.
Pero por lo que
siempre recordaré esa Copa de la UEFA fue porque descubrí a un técnico hasta
entonces desconocido en mi limitada cultura futbolística. El Espanyol proponía
un juego alegre, con muchas ocasiones y sus partidos casi nunca eran tediosos.
Aquel equipo tenía al malogrado Dani Jarque de central, a Moises Hurtado como
mediocentro (posiblemente mi mediocentro favorito en aquel momento, nunca
entendí que un equipo de los grandes apostará por él), tenía puñales en las
bandas como Riera y Rufete, al gran De la Peña en la que posiblemente fue su
última gran temporada antes de que las lesiones le venciesen y a Tamudo y Luis
García como referentes goleadores. Todos ellos dirigidos por Ernesto Valverde,
que venía de su paso por el Athletic, donde en dos temporadas dejó al equipo 5º
y 9º.
En aquel momento
todo el mundo hablaba de un Sevilla espectacular, que disputaba la liga a Barça
y Real Madrid, y que seguía vivo en aquella UEFA.Tenía grandes futbolistas como
Dani Alves, Luis Fabiano, Kanouté o Poulsen. Quizás por eso, lo que a mí me
parecía una hazaña del Espanyol, no tenía tanta repercusión. Recuerdo el
partido de semifinales ante el Bremen, contra el Werder de Diego Ribas y Miroslav
Klose, con un 3-0 de ventaja para los catalanes, marcó Klose pronto y parecía
que tocaba sufrir (he de decir que el Werder Bremen era en ese momento mi
equipo favorito fuera de España, pero yo iba con los equipos españoles, así que
quería que pasase a la final el Espanyol. Quizás, el hecho de ver tanto al
Bremen en aquel año, hice que pensará tras el gol de Klose que pensara que la
remontada era factible y que el Espanyol lo tendría muy difícil para pasar a la
final). Pero no, Klose fue expulsado en pocos minutos y Corominas y Lacruz
remontaban y ponían al equipo en la final contra el Sevilla, que había
remontado y eliminado al Osasuna, que había llegado a las semifinales después
de caer en la previa de la Champions.
La final se juegó
en Hampden Park y recuerdó que fue muy emocionante. Yo iba con el Espanyol por
su juego, por lo que me había alegrado de su pase a la final, y porque aquel
Sevilla que se hacía grande tenía en su presidente Del Nido una personalidad
arrolladora que no ha todo el mundo le terminaba de gustar. A mí me dejaba
indiferente, pero recuerdo que a mis amigos, neutrales, les caía mal, y yo, por
seguir la corriente y sumar un motivo más a mi afiliación al Espanyol, pues
también me empezó a caer mal. De la final recuerdo el gol de Adriano tras una
larga carrera desde su campo tras saque de puerta de Palop, que el partido se
fue a la prórroga, que marco Jonatás, que Moises fue expulsado (hay pensé que
era imposible ganar, pues sin el mejor medio del equipo pensé que sería
imposible aguantar a los Maresca,Poulsen,Keita y cia) y que se decidió por
penalties para el Sevilla. Cuando vi a Palop correr tras detener el último
penalti, no me alegré, sentí tristeza porque al equipo que yo apoyaba no
hubiese ganado, pero tampoco fue un gran varapalo. De hecho, a los equipos que
había seguido hasta el momento, tampoco habían ganado tanto como para pensar
que lo del Espanyol era una desgracia. Solo había visto ganar cuatro ligas al
Barça, un par de copas y la Champions de París en 10 u 11 años de consciencia futbolística.
No era consciente de que quizá esa era la única oportunidad de un equipo muy
bueno de ganar algo (algunos de aquellos futbolistas habían ganado la Copa
hacía un par de temporadas 4-1 al Zaragoza en el Bernabéu de la mano de
Lotina).
