Se marcha Eric Abidal.
O mejor dicho, me gustaría pensar que ha sido así. Porque en realidad le han
dado la patada. La actual junta directiva se llenaba a finales de año la boca
de palabras con frases que daban a entender que jamás sería un problema la
renovación del 22 si volvía a jugar. Abidal volvió a jugar. Y a hacerlo bien. Incluso
muy bien. Pero la oferta de renovar jamás llegó. Abidal ha esperado, pero
siente que todavía tiene fútbol. Y es legítimo su deseo de seguir siendo futbolista.
Aunque él quería seguir en el Barcelona. Pero nadie ha estimado oportuno contar con su
presencia en la temporada 13-14.
También su no renovación
por parte del club es legítima. Cualquier entidad está en su derecho de no querer renovar a un
futbolista de 33 años, y que encima se ha pasado prácticamente un año parado. Y
que venía de superar un tumor. Pero lo que mata a esta directiva de cara a la
opinión pública es su falta de transparencia y de tacto con el futbolista. Primero,
decir públicamente que la renovación no sería un problema, que en cuanto
volviese a jugar sería automáticamente renovado su contrato. Luego, en la rueda
de prensa de despedida el propio Abidal ha confirmado que hace tan solo 10 días
le confirmaron a la cara que no iban a contar con él dentro del campo. Es
decir, desde finales de 2012 (http://www.mundodeportivo.com/20121220/fc-barcelona/bartomeu-abidal-renovara-cuando-juegue-partido_54358164805.html)
hasta el mediados de mayo, Abidal ha vivido con la incertidumbre de no saber
que quería el club de él. Lo dicho, una
falta de transparencia y valentía lejos de los valores de los que Sandro presume.
Los aficionados echaremos de menos a Abidal, primero por su ejemplo de
fortaleza, segundo porque todavía podría haber sido aprovechado dentro del
terreno de juego. El sábado se despedirá contra el Málaga y todo el Camp Nou le
dará el cariño que esta junta directiva no ha sabido o no ha querido
transmitirle.
#MERCIABIDAL

