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domingo, 8 de diciembre de 2013

NO FUE UN PARTIDO MÁS

No era un partido más. Era un partido que podía marcar mucho el campeonato. Si ganaba el Arsenal metía ya 7 puntos al Chelsea y al Liverpool, sus principales perseguidores. Si ganaba el Everton era presentar una candidatura muy seria a lucha por entrar en Champions, además de poder demostrar que le puede ganar a cualquiera. Por estos dos motivos principales y por muchos otros secundarios, no era un partido más.

En los XI iniciales la única novedad (esperada y confirmada por Wegner en la rueda de prensa el día antes del partido) era la presencia de Carl Jenkinson en el lateral derecho por el lesionado Sagna. El encuentro inició su andadura con un control de posesión del Everton, aunque sin mucha profundidad. Tocaba más el balón para evitar que el Arsenal desplegara su juego de pases que para crear verdadero daño. El equipo local no estaba incómodo en ese papel de esperar en su campo, con las líneas juntas y sin peligro real para Szczesny. Así transcurrió la primera parte hasta que el Arsenal decidió que ya estaba bien de contemporizar. Cogieron el balón, se asociaron los Özil, Cazorla, Wilshere  y cía, Ramsey empezó a llegar al área y el Everton daba gracias de tener a Howard (dos paradas providenciales a Giroud primero y luego a Aaron Ramsey en apenas tres minutos) y de que el descanso solo estaba a cinco minutos.

FOTO: @Arsenal
Pero si el Everton pensó que el Arsenal bajaría el pistón en la segunda parte, se equivocó. Los chicos de Arsène jugaron como si no hubiese habido descanso y prosiguieron su ofensiva hacía la meta de Howard, que volvía a hacer paradas de mérito ante Santi Cazorla y Ramsey. Entonces el Everton, viendo que ese era el guion del partido y que no había forma de cambiarlo en un horizonte cercano aceptó ese escenario, en donde a ellos les tocaba aprovechar los espacios que dejaban en defensa el Arsenal. Y el partido se convirtió en un correcalles, donde no había pausa para nada y en que las jugabas no duraban más de dos minutos. Hay sobresalieron los guardametas. Howard ya venía haciendo un gran partido, pero Szczesny había vivido relativamente tranquilo hasta entonces. El polaco acabó salvando disparos claros y peligrosos de Lukaku, Pienaar o Mirallas y evitando que el partido se pusiese cuesta arriba. Cada minuto que se desarrollaba el juego en esas circunstancias de ataques rápidos, pocos toques y menos control, era un minuto en el que el juego llamaba a gritos a Deulofeu. Roberto Martínez se hizo el remolón, sacó primero a Leon Osman y justo cuando acaba de ingresar el jugador del Barça, dos de los tres cambios de Wegner se juntaron: centró Rosicky, cabeceo Walcott hacía el área pequeña y ahí Giroud no atino a definir. Pero a su espalda lo presenciaba todo Özil, que estaba volviendo a ser un partido discreto, para acertar en el golpeo y batir a Howard. En ese momento, toda el Arsenal, toda la Premier pensó lo mismo: es el momento en los últimos años en que más cerca estaba el Arsenal de ganar la Premier. Justo en el momento en el que el balón chutado por Mesut atravesaba la portería del Everton, no había nada que negara al Arsenal que en ese instante eran el mejor equipo de la Premier, que se iban a 7 puntos y que la vida era maravillosa.

Pero cuando el juego te llama, vas.

FOTO: @Everton
Gerard Deulofeu apenas había tocado ningún balón. Entro antes del 1-0 y en la primera que tuvo encaró a Rosicky, se echó el balón a la pierna derecha y batió a Szczesny de un disparo fuerte, cruzado, bello para decirle al mundo que el Everton ha dado un salto con respecto a años anteriores, que está con los grandes, que va a luchar con cualquiera y que él, un diamante en bruto, ha encontrado en Martínez un perfecto valedor.


Un partido que había sido tan emocionante había tenido que esperar a los últimos 10 minutos para los goles. Aún quedaba la guinda de la tarde para hacer más recordable el partido. El Arsenal se fue a buscar el segundo. El partido estaba en el descuento y en esa fase donde la cabeza fría brilla por su ausencia. Lukaku se fue buscando la portería pero el balón se fue alto y a Giroud en el 93 le cayó la pelota que todos queremos: botando y en la frontal del área. El francés le pegó con el alma, Howard no tenía ninguna opción de pararla, como mucho rozarla ya sería meritorio. Pero el balón escogió la dirección de la cruceta y Giroud se quedó con la miel en los labios. Y terminaba el partido. El Arsenal saca 5 puntos a sus más inmediatos perseguidores, el Everton es 4º y luchará por Champions. Pero se habían cascado un gran partido. Efectivamente, como se esperaba antes de que comenzara, no fue un partido más.

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