
Curioso lo de
James. Fichó por el Mónaco hace un verano a la sombra de Radamel Falcao. El
ariete era el fichaje estrella y él un secundario de lujo para completar un
proyecto ambicioso como el monegasco. En la selección cafetera pasaba más o
menos lo mismo. Radamel era el líder de la selección, el mejor jugador del
combinado en Europa, y él era relegado a un plano secundario. Eso duró hasta hoy.
Hoy James, aprovechando la ausencia mundialista del 9, le grito al mundo. Y el
mundo le escuchó.
Era partido con
morbo este que enfrentaba a dos de las mejores selecciones sudamericanas. Era
el momento de ver como reaccionaba y canalizaba la rabia por el tema Suárez la
selección charrúa. Y era el momento de exigir a Colombia que confirmarse si lo
de Japón no fue un espejismo fruto de la desesperación nipona.
Se reponía Tabárez
de la ausencia de su estrella con la entrada de Maxi Pereira en el lateral
derecho y de Forlán en la delantera para suplir al del Liverpool y a Lodeiro.
Pekerman sentaba a Ibarbo y le daba la titularidad en punta a Jackson Martínez,
autor de dos goles contra Japón.
El inicio de
partido mostró que no habría sorpresas en lo que se esperaba de ambos equipos,
pues Colombia amasaba posesión y Uruguay hacía un repliegue bajo con todos sus
futbolistas en camp propio. La incógnita del partido iba a estar en si Colombia
iba a poder y cuando romper el muro uruguayo que parecía fiable. Pero esa fiabilidad
se vino abajo con una obra de arte. Sólo así una defensa tan compacta y fresca,
apenas 27 minutos de partido transcurrido, podía ser derrumbada: toque de
cabeza de Abel Aguilar, James recibe entre la línea de medios y la defensiva,
controla con el pecho, se gira y suelta un disparo que dio en el larguero,
entró y en el que Muslera nunca pudo hacer nada. James gritó por primera vez.
Esa maravilla
noqueó a Uruguay, que no respondió. El esquema de 5-3-2 obligaba a uno de los
delanteros a ayudar en demasía y condicionaba mucho la posible contra una vez
recuperado el balón. La segunda parte siguió sin noticias de Uruguay, Colombia
vivía muy tranquila hasta que Cuadrado empezó una jugada por la banda derecha, el
balón cruzó toda la frontal, este llegó a Armero, cuyo centro cedió hacía atrás
de cabeza el propio Cuadrado y James se anticipaba para herir de muerte a
Uruguay. El partido que medía a Colombia lo solventaba en una hora ante unos de
los rivales más peligrosos en una eliminatoria.
Lo que quedaba de
partido fue un vano intento de Uruguay de remontar: entraron Stuani, Gastón
Ramírez y Abel Hernández, pero la intentona charrúa fue frenada por un Yepes rejuvenecido y por un Ospina muy
seguro. El partido terminó y la realización fue a por James Rodríguez. Este
gritó con el pitido al cielo de Rio. Era un grito al mundo.
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