
La tarde que
siempre soñó Tabárez. El partido que el “profe” imagino antes de saltar al
campo para enfrentarse a Italia no distaba mucho del que la realidad deparó. Y
ese partido imaginado terminaba, y terminó, con el pase uruguayo a los octavos
de final después de tumbar a Italia y a Inglaterra y caer con Costa Rica. Era
un grupo para hacer ricos.
El partido fue una
montaña. Una subida en la escala de la emoción de un partido mundialista en el
que uno de los dos equipos quedaba fuera del campeonato. El inicio fue pobre,
pendientes ambos equipos en destruir y en neutralizar las armas del rival que
en poner la suyas sobre la mesa para empezar a atacar. Sólo Veratti rompía la
monotonía del partido. Cavani tapaba a Pirlo y las áreas eran territorio
prohibido para los hombres de ataque.
La segunda parte empezó
con Prandelli sustituyendo a Baloteli, que pasó desapercibido y recibió una amarilla
por una patada brutal que le hacía perderse unos hipotéticos octavos de final.
Y con Tabárez quitando a Lodeiro y metiendo a Maxi Pereira, aunque mantenía su
defensa de 5 con la que inició el partido. Poco a poco el partido se abría
Pirlo andaba más suelto, Suárez y Cavani aparecían más hasta que la roja a
Marchisio rompió el partido. Automáticamente, Tabárez metió a Gastón Ramírez.
Pero lo que se suponía que iba a ser un partido de acoso uruguayo el resto del encuentro
pasó a una Italia que rondó el área de Muslera con Inmobile con espacio para
correr y con Pirlo o Veratti muy sueltos. Pero Prandelli sustituyó a Ciro, Italia dejó de tener arriba a un
delantero veloz y, tras la el mordisco de Suárez a Chiellini, Godín emuló sus
testarazo del Camp Nou en el mundial para mandar a Iitalia a casa, a Uruguay a
los octavos y darle a Tabárez el partido que soño.
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