
Si hay una palabra
que pueden definir lo que llevamos de octavos de final del mundial es
sorprendente: hasta ahora, quizás exceptuando el Colombia-Uruguay, todos los
partidos de la primera ronda de eliminación directa han tenido desenlaces o
guiones inesperados, pues pocos esperaban que Chile llevara a Brasil a los
penaletis, que Holanda se viese obligada a remontar sobre la hora a México, que
Costa Rica se plantase en cuartos tras jugar una hora con diez o que esta tarde
Nigeria haya sido, durante muchos minutos del partido, superior a la teórica
favorita que era Francia. Aunque pocos se esperaban que lo que separase a
Nigeria de la victoria fuese el eslabón más fuerte de su defensa.
De inicio, Stephen
Keshi era muy valiente en la alineación y situaba en las posiciones más
adelantadas a sus cuatros atacantes más peligrosos: Musa en banda izquierda,
Odemwingie en derecha, Moses de enganche y Emenike de 9, solo escoltados por
Obi Mikel y Onazi. En cambio Deschamps recurría al tridente ofensivo que tan
buen resultado le dio ante Suiza, formado por Karim Benzema, Olivier Girous y
Mathieu Valbuena, para acompañar al once base, que solo sufrió la modificación
de la entrada de Koscielny por el tocado Sakho.
Los inicios del
partido ya nos dejaron pinceladas de lo que sería el devenir del encuentro,
pues Nigeria plantaba cara desde el pitido inicial y a Francia le costaba
triangular con peligro cerca del área africana. Poco a poco, la falta de ayudas
de los hombres de ataque en bandas de Francia (Valbuena y sobre todo Benzema) empezaron
a descoser el entramado defensivo europeo, pues el lateral subía, Moses se
acerba a dar apoyo junto con el extremo de ese lado, quedando casi siempre un 3
para 2 que culminaba con centros al área de Nigeria que terminaban en despeje o
en corners. La primera parte fue un constante goteo de llegadas por la banda
derecha del ataque de Nigeria, pero ninguna de ellas supuso un verdadero
peligro para Lloris. Francia, a su vez, cuando tenía el balón lo intentaba por
el lado del inseguro durante todo el partido Oshaniwa, a los que Valbuena y
Debuchy le crearon muchos problemas, pese a recibir las ayudas de Obi Mikel y/o
de Onazi. En el otro lateral, entre Ambrose y Yobo frenaban de forma segura y
efectiva las incursiones de un Benzema muy escorado.
El segundo acto
fue la confirmación del dominio africano intuido en los primeros 45 minutos:
los ataques se seguían produciendo pero Francia se pasó varios minutos sin dar
señales de vida en ataque, sólo concentrada en mantener su puerta a cero para evitar
una complicación mayor. Emenike obligó a una gran intervención a Lloris con un
tiro desde la frontal y el gol nigeriano se mascaba en el ambiente.
Hasta que
Deschamps reaccionó con un cambio: retiró a un Giroud que pasó desapercibido y
dio entrada a Griezmann. En los primeros instantes no se comprendió el cambio:
Nigeria tuvo alguna llegada más y parecía obvio que era necesario un cuarto centrocampista
para frenar los avances rivales. Hasta que el jugador de la Real Sociedad y
Benzema tiraron una pared en la frontal del área, Enyeama paró el tiro de Karim
y Moses salvó el gol en la línea. Desde ese momento, Francia intensificó su
ataque, con constantes llegadas: Cabaye mando un disparo al larguero y Benzema
obligó a un paradón al meta del Lille rematando de cabeza un buen centro desde
la banda derecha. Precisamente en ese córner, llegó la jugada que sentenció el
encuentro: Valbuena boto el saque de esquina,
Enyeama mide mal la salida y sólo acierta a tocar el balón con su mano
izquierda, dejándolo en suspensión para que Paul Pogba anotase a puerta vacía.
Hay terminó el partido. Nigeria no volvió a asomar por campo contrario y en el
tiempo de descuento Yobo marcaba en propia el 2-0 que certificaba la eliminación
de una Nigeria que se llevó mejores sensaciones que resultado y el pase a
cuartos de una Francia que sufrió más de lo esperado ante una selección africana
que fue víctima de sus errores. Eso sí que no es una sorpresa.
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