
Historia en Belo
Horizonte. En el primer partido de los octavos de final del mundial, la
anfitriona y máximo favorita estuvo realmente cerca de caer eliminado por una
Chile que compitió hasta el límite, y sólo hincaron las rodillas en los
penaltis.
El partido dio
muchos giros de guion, nunca estuvo claro que fue a pasar y fue sensacional para
el espectador neutral y sufrido con distinto final según fueses chileno o
brasileño. Para encarar este partido, Scolari sacaba del once inicial a
Paulinho, muy flojo en toda la primera fase, para dar entrada a Fernandinho. Sampaoli
ponía en el estadio de Mineirao a los mismos onces jugadores que vencieron a
España. Los primeros minutos del partido fueron brasileños. Una presión
bastante alta le permitía robar cerca de la portería de Bravo y generar
situaciones claras para sus atacantes, sobre todo a Neymar, que tuvo tres,
donde falló una y se equivocó intentando regatear en las otras dos. A los 17
minutos, un corner del 10 brasilero lo prolongaba Thiago Silva y Jara, en su
intento de anticipar a David Luiz, metía el balón en su propia portería. Los
siguientes minutos fueron más de mismo hasta que Marcelo sacaba de banda cerca
de su portería, Hulk recibía y su toque se quedaba corto y Vidal, ante la
pasividad de David Luiz, se la ponía a Alexis Sánchez, que cruzo muy bien ante
la llegada de Thiago Silva.
Ese gol disminuyó
la intencionalidad de los ataque de Brasil, que si bien tuvieron algún
acercamiento más hasta el tiempo de descanso, la segunda parte fue
completamente de Chile. Los de Scolari no salían de su campo, Chile robaba con
cierta facilidad y tuvo algunas oportunidades de poner patas arriba a todo un
país. Sampaoli acertó con la entrada de Gutíerrez por un Vargas desaparecido,
dejando a Alexis solo en punta. El del Barcelona fue el mejor de su equipo y fue
un incordio para la defensa brasilera durante gran parte del encuentro.
Según avanzaba el segundo
acto, Chile perdía fuelle, llegaba menos y Brasil, hoy más que nunca, con más
corazón que fútbol (que nunca hubo) llegaba a base de arreones, balones
directos y puso a prueba una defensa chilena, que si bien parecía que sufriría
por su baja estatura, en los instantes finales del segundo y en el tiempo extra,
nunca se vio superada por ese factor. El campeonato de Medel y de Silva,
jugando de centrales sin ser defensores, ha sido excelso. Scolari solo acertó a
sustituir a su 9 por 9 (y con idéntico mal resultado) y a quitar a la novedad
Fernandinho para meter a Ramires. El
técnico chileno tardó en volver a poner un doble 9 para preocupar a la defensa
rival. Pinilla entro en el 88 por Vidal, que ha llegado a este torneo muy justo
físicamente. El partido terminada y quedaban 30 minutos que fueron un acoso de
Brasil con garra pero sin estética y con Chile resistiendo, dejando su puerta a
cero y buscando alguna salida para anotar. Pinilla la tuvo en el 119. Bajó la
pelota, saco su latigazo y este se encontró con el larguero de Julio Cesár. Brasil
contuvo la respiración y celebró la llegada de unos penaltis, en donde entre
Julio Cesár y la madera que repelió el lanzamiento de Jara cuando no estaba
permitido fallar metieron a Brasil en cuartos de final. Chile vio como no mató
cuando el bicho estaba agonizando y acabo siendo engullido por el nombre de un
equipo que estuvo cerca del descalabro.
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