
Argentina vuelve a
la final de un mundial después de 24 años de espera tras la final perdida
contra la RFA en 1990 en el Olímpico de Roma. 24 años son muchos. 24 años es
una generación entera sin ver a la selección albiceleste en lo más alto del
fútbol mundial. Es una generación que creía en Argentina como selección grande
por lo que escuchaba de los relatos sobre Kempes o Maradona. 24 años de
sinsabores y de larga espera. No habían visto con sus propios ojos hacer algo grande
a la bicampeona del mundo.
Y ha sido la
selección de un hombre como Alejandro Sabella la que ha devuelto a Argentina al
lugar que le corresponde. Ni Bielsa, Pasarella, Pekermán o Maradona lo pudieron
hacer. Él sí. Él ha vuelto a hacer de Argentina un equipo grande en la
realidad, no sólo en el relato. Y lo ha hecho pese a las numerosas críticas que
le han caído por dejar jugadores que destacaban en viejo continente, pero que
él se negaba a convocar. Casos como el Tevéz o el de Willy Caballero le jugaron
en contra de su imagen pública. Antes del torneo, había dudas de como
respondería la defensa, débil por nombre, brillantes en cuanto a rendimiento:
sólo 3 goles encajados en 6 partidos, imbatida en las eliminatorias y Romero
convertido en héroe), dudas en torno al mediocampo, disipadas tras la
exhibición ayer de Mascherano y el buen hacer de Lucas Biglia. Y la delantera,
la línea de la que menos dudas se tenían, ha respondido, ganando partidos y apareciendo
en los momentos claves. El ex entrenador de Estudiantes de la Plata ha sabido
sacar el mayor rendimiento posible a un equipo con límites, pero que lo que
sabe hacer, lo hace bien. Y eso, en la selección Argentina, hacia una
generación entera de aficionados que no lo veíamos.
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