Se estaba
complicando la vida Inglaterra en su visita a Estonia, más concretamente a
Tallin, cuando su mejor futbolista de la última década se sacó un latigazo de
su pie izquierdo que hizo enmudecer al estadio A. Le Coq Arena. Pareiko, meta
local, sólo pudo sacar el balón cuando este ya había traspasado la línea de
gol. Resolvía de esta manera el equipo de Roy Hogdson un encuentro que, según
avanzaba el reloj, más cuesta arriba se ponía.
Salió el técnico
nacido en Croydon con un esquema 4-3-1-2, con tres centrocampistas en línea,
Lallana de enganche y arriba Rooney y Welbeck. Los tres del medio, Delph, Henderson
y Wilshere, no encontraron en ningún momento la forma de superar a la poblada
defensa local, que juntaba hasta 10 hombres para complicar la labor ofensiva de
su rival. El hecho de que Inglaterra jugase con tres futbolistas en el medio y
un mediapunta, hacía que las bandas estuvieran, en gran parte del partido,
desocupadas, pues además de la ausencia de futbolistas de ataque en esa zona ni
Baines ni Chambers subieron en exceso y con poco peligro, tendiendo el juego a
embotellarse por el carril central, donde Estonia tenía más facilidad para
frenar el peligro. La primera parte fue muy plácida para la defensa estonia e
Inglaterra chocaba una y otra vez contra el muro defensivo de los de Magnus
Pehrsson.

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