Victoria en el campo
del WBA de un Arsenal en clara ascensión después de sus dudas pre parón de
selecciones. Tras vencer al Dortmund en Champions y asegurar su presencia en
los octavos de final de la máxima competición europea, la vista a The Hawthorns
era un termómetro para mediar al equipo de Wenger. Y no sale mal parado.
Volvían al once Koscielny,
Welbeck y Flamini, mientras se estrenaba en él Giroud, sustituyendo a Gibbs, Oxlade,
Arteta y Sanogo, estos dos últimos lesionados. Con la vuelta del central nacido
en Tulle, Monreal abandonó la posición de marcador central para desplazarse al
carril zurdo, mientras que Welbeck cayó en banda supliendo al 15. Y esa posición
resultó clave, pues permitió jugar a Santi Cazorla otra vez de enganche y su
partido rayó lo excelso: jugó, dirigió, remató y dio sentido a muchas de las
jugadas de ataque del Arsenal. Era la nota discordante de un equipo por lo
general plano, voluntarioso pero con poca chispa para desequilibrar en los
últimos metros. El gran partido del asturiano contrastó con otra actuación por
debajo de lo esperado de Aaron Ramsey, lejos del nivel que le permitió ser el
mejor jugador de la Premier en los primeros meses de la temporada pasada. Pese
a lo poco productivo en ataque que era el Arsenal en comparación con el nivel
de dominio del partido, apenas sufrió en defensa, llegando el primer remata del
West Bromwich en el segundo tiempo. Los de Alan Irvine apretaron mucho en los
primeros minutos y sobre todo en el tramo final (ocasión de Berahino de cabeza
al larguero incluido) pero el resto del partido estuvo mejor el Arsenal.
Rondando la hora de juego, Cazorla le tiró un autopase a Wisdom, centró desde
la línea de fondo y Welbeck se llevó para anotar el único tanto del partido.
Para los seguidores del Arsenal un golazo, para los del WBA una cantada de
Forster.
Al final, victoria
trabajada en campo ajeno y vuelta a la senda de la victoria en Premier 28 días
después.
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