El Chelsea actuó en
Anfield como lo que, a día de hoy, es y pocos pueden replicar: el mejor equipo
de la Premier League. Empezó mal, muy aculado en su área. Pero poco a poco se
fue reponiendo y el resultado final pudo ser mucho más amplio. El Liverpool compitió
bien, no se les puede acusar la falta de esfuerzo, pero donde el esfuerzo no
llega, aparece la calidad, y ahí las carencias de los de Rodgers son evidentes.
Tanto el mediocampo como en ataque, marcó la diferencia del partido. Sólo
Coutinho destacó en esos lares, mientras que Matic y Costa, principalmente,
fueron claves en el triunfo.
Sorprendió Rodgers dándole
la titularidad a Emre Can en detrimento de Joe Allen en la zona central. El
resto del equipo fue el esperado con los suplentes del Bernabéu a escena. En el
Chelsea, Mourinho dio entrada a Ramires en la derecha, sentando a un más
habitual en los onces Willian. Empezó el Liverpool queriendo ser protagonista,
acumulando más balón y jugando más cerca de la portería rival que de la suya. A
los nueve minutos, un tiro de Emre Can dio en Cahill y despistó a Courtois, convirtiéndose
en el 1-0. Reaccionó rápido el Chelsea,
que minutos después, a través de sus centrales y en un córner anotaba el
empate. Mingolet repelió el cabezazo de Terry pero no paró el siguiente disparo
de Cahill, en el que el portero belga pudo hacer algo más. Hubo que recurrir a la
tecnología de gol para determinar la validez del tanto. A partir de ahí, el Liverpool volvió a tener
la posesión pero a acercarse menos a la meta de Courtois. Solo esporádicas
arrancadas de Coutinho ponían a prueba a defensa blue. En los últimos quince
minutos, el Chelsea hizo una presión en bloque alto, apretó en la salida de
balón y con un poco más de puntería pudo haber sentenciado el encuentro. Fueron
minutos donde Mingolet mantuvo a flote las esperanzas reds.
En el segundo
tiempo, el ritmo fue más bajo. Ambos equipos habían mostrado al rival como
hacerse daño y ninguno se quería exponer a una situación de partido que
propiciase otro periodo de dominio rival. Ni el Liverpool arriesgaba tanto la
pelota en defensa, ni el Chelsea presionaba tan arriba. Siguieron los
visitantes teniendo alguna ocasión, pero con menos frecuencia que en el primer
tiempo. Hasta que llegó la jugada decisiva del partido. Un balón largo hacía
banda izquierda que caza Azpilicueta sobre la línea. Encara a Coutinho, le tira
un caño, se va de él, centra, despeja Mingolet, la deja muerta Alberto Moreno y
Diego Costa, que estaba en el sitio adecuado en el momento preciso, mata. Hacía
el 1-2 y el tanto que pude significar un paso enorme para el título. Brandan
Rodgers reaccionó metiendo a Borini y Allen por Coutiho y Can, que firmo un
notable partido. Sin embargo, el Chelsea se defendió bien, Courtois sólo tuvo
que hacer una parada a tiro de Sterling y, pese a unas manos claras de Cahill
en el área que interceptaron un disparo de Gerrard, no sufrió en exceso en los
últimos minutos para sellar una victoria que le acerca un poco más al título.
Al Liverpool lo aleja definitivamente de cualquier opción de pelear por el mismo.
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