Se medían Boca
Juniors y River Plate en las semifinales de la
Copa Sudamericana, pero la
competición y ronda eran secundarias ante la expectativa de un nuevo clásico
argentino entre las dos instituciones más grandes del país. El mundo futbolístico,
independientemente del uso horario, giro sus ojos a La Bombonera para observar
un duelo, que últimamente, todo hay que decirlo, está más fuera de la cancha,
en las gradas, que en el verde. Porque en el partido en sí mismo, la
intensidad, la fuerza, las patadas y los codos, vencieron a la calidad, a la
clarividencia, a la finura y al espectáculo.
Los dos porteros,
Orión y Barovero, fueron unos espectadores más ante una primera parte con pocas
ocasiones, siendo sin embargo un periodo intenso, poco aburrido, para no
despistarse en el terreno y fuera, porque a poco que te despistaras, te perdías
una patada o un codo en un salto. Juan Manuel Martínez recibió a los 4 minutos
una patada de Vangioni y pese a los intentos de continuar, abandono el campo a
la media hora sustituido por el chileno Fuenzalida. Ponzio repartió tanto que
empezó a ser escandaloso que tardara tanto en recibir amarilla, y luego en no
ser expulsado.
La segunda parte
subió el nivel. De fútbol durante unos minutos y de amarillas, que no de
dureza. Ponzio empezó perdido el segundo periodo y Gago creció en su zona y en
sus botas nacieron buenas jugadas que inquietaron a Barovero. Pero poco a poco,
las patadas aplacaron al atisbo de fútbol y el partido volvió a girar a las
discusiones, broncas (7 de los 11 titulares de River acabaron amonestados) y así
fue hasta el final, con las pocas ocasiones que se sucedieron fueron de Boca.
Todo se resolverá en El Monumental dentro de 7 días.
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