El Atlético de
Madrid lo volvió a hacer. Lo que tiempo atrás era una quimera, ahora es el pan
de cada día. Tomar el Bernabéu cada vez que lo visitan, y hacerlo de manera
consecutiva durante tanto tiempo recuerda a la tiranía que imponían en los
mejores días el Barcelona de Pep Guardiola. Simeone ha logrado borrar complejos
y agrandar autoestima. Hasta Torres, dudoso fichaje para muchos, sentenció por
dos veces la eliminatoria en el primer minuto de ambas partes, tras sendos
fallos garrafales de Pepe primero y luego de Sergio Ramos, y tras recibir de
Griezmann sendas asistencias.
Ellos dos fueron la
punta de lanza del equipo de Simeone. Sufrieron mucho en la primera parte,
achicando balones dentro del área y tras el fallo de Oblak que supuso el gol de
Sergio Ramos, a algunos les vinieron las dudas. Pero no se puede ir al Bernabéu
y no sufrir en algún momento. La segunda parte empezó con la liada de Ramos, el
dejavú del primer tiempo y el Real Madrid, pese a que no se rindió, empezó a
despedirse de la competición. Ni con el gol de Cristiano, el único tanto del
partido no precedido de un fallo garrafal, el Atlético se pudo nervioso.
Simeone sacó a Arda Turan y el partido fue lo que quiso el turco. Oblak fue un
espectador más, pudo caer el 2-3 y el Santiago Bernabéu acabó adorando patadas
a destiempo de su nuevo joven ídolo. Mientras, Simeone y los suyos reían. Lo
había vuelto a hacer.
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