Desastre en el
Emirates. Los locales se frotaban las manos después del sorteo de octavos y
ahora tienen ante sí un reto mayúsculo: remontar un 1-3 en campo contrario. De
no hacerlo, la Champions League habrá pasado sin pena ni gloria otra temporada más
por la vida del Arsenal. El Mónaco cuajó un soberbio partido, sabiendo como
hacer daño y desconectar a un equipo partido, que nunca encontró la forma de
hacerle daño al rival, y que para cuando lo hizo estuvo muy fallón y era tarde,
aunque no lo suficiente como para encajar otro gol que complicase aún más el
partido de vuelta. Leonardo Jardim se ha doctorado, después de su gran
temporada pasada en Portugal, en uno de los campos de los grandes del fútbol
europeo.
Pronto se vio que el
partido no iba a ser coser y cantar para el Arsenal. El planteamiento del
equipo galo fue brillante, logrando aislar a los defensas y mediocentros del
Arsenal de los cuatro delanteros: mientras Joao Moutinho y Berbatov, los dos
jugadores hoy más adelantados del Mónaco, marcaban a Cazorla y Coquelin, a su
espalda los dos mediocentros del equipo monegasco, se encargaban de controlar a
Özil y de hacer ayudas en bandas, a su vez bien protegidas a su vez por Martial
y Dirar. Las veces que el Arsenal rompió ese dispositivo fueron contadas y esporádicas
en todo el partido.
Lejos de conformarse
con anular a su rival, pronto el Mónaco empezó a explotar esa brecha del
mediocampo gunner. Cuando robaban y salían, llegaban sueltos al área, y tras un
aviso de Moutinho, Kondogbia ponía el 0-1 tras desviar su tiro Mertesacker. El
Arsenal veía como a la problemática de no saber romper la defensa rival, se le
unía ahora la ansiedad de tener que remontar. Y a los 7’ de la segunda, esta
ansiedad se hizo patente, pues Martial se encontró un 2 para 1 en una contra,
cediendo para que Berbatov anotase el 0-2. Wenger reaccionaba con la entrada de
Walcott por un desafortunado Giroud, pero que por lo menos dio la cara y se
mostró, cosa que no todos hoy en el Arsenal pueden decir. Muchas son las noches
y días importantes que Mesut Özil no aparece.
El mejor tramo del equipo coincidió con su ausencia (victoria en el
Etihad) y hoy nunca supo zafarse del pegajoso marcaje del Mónaco. Theo se puso
en banda izquierda, y después de cogerle dos veces la espalda a Fabinho, este
se rehízo y por ahí el Arsenal no encontró forma de atacar. Mientras el Arsenal
seguía sufriendo para controlar los veloces ataques del Mónaco con mucho
espacio, Wenger cambió a su doble pivote: paso de Coquelin-Cazorla a Oxlade-Rosicky.
El primero clavo un golazo en el 90’ que daba esperanzas para la vuelta. Pero
ahí el Arsenal terminó de certificar su horrorosa noche, pues acto seguido,
otra contra permitía a Ferreira-Carrasco anotar el 1-3 definitivo. Tendrán que
sudar el Arsenal o cualquier otro equipo para echar de la Champions al equipo
del principado.

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