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sábado, 7 de febrero de 2015

TORMENTA KANE

El día 1 de enero fue el Chelsea. Hoy fue el Arsenal. Hace 7 días el WBA. Da igual. Las victimas de Harry Kane no conocen de caché, época del año o necesidad. Lo mismo ajusticia al líder de la Premier, que al rival ciudadano que a un equipo de zona baja de la tabla. Es un goleador despiadado, que sólo busca la manera más rápida y efectiva de hacer daño al rival. Así ha pasado de ser la última opción para la delantera a principios de temporada a convertirse en el mejor delantero inglés de la actualidad. Hoy apareció en el derbi de Londres para enganchar dos balones sin dueño en el área gunner y convertirlos en una victoria que aúpa al Tottenham a los puestos de Champions League.

Lo hizo ante un Arsenal que intentó repetir el plan del Etihad, pero que salió bastante peor parado que en Manchester. Las bajas de Alexis y Oxlade, determinantes en el 0-2 contra el City, condicionaron parte de la apuesta de Wenger. Sus sustitutos, Welbeck y Özil, no ofrecieron la misma salida a la contra que tanto ayudo al equipo en Manchester. Ninguno de los dos son jugadores con caracterisiticas de extremo, con Welbeck aunando mejor la combinación rapidez-desborde, pero sin llegar al nivel de Sanchez y Chamberlain. Por eso, entre otras causas, se explica que el Arsenal se pasase todo el primer tiempo y parte del segundo despejando balones continuamente de su área, incapaz de salir de su campo y crear peligro. En la única jugada del primer tiempo donde Welbeck tuvo la oportunidad de mostrar su velocidad, desbordó a Rose, centro para que Giroud intentase rematar, pero el balón del francés le cayó a Özil, que empujo la pelota según vino para hacer el 0-1. En todo el primer tiempo, Lloris no tuvo más preocupaciones provocadas por el ataque del Arsenal.


El segundo tiempo, después de un primer tiempo donde Ospina para todo lo que se acercó a su portería, el nivel de acoso del Tottenham bajó. Welbeck, Cazorla y Kosicelny probaron a Lloris en los primeros 10’ del segundo acto. Parecía que lo peor ya había pasado para el Arsenal. Nada hacía presagiar que la tormenta estaba a punto desatarse. Primero, un corner que despejó Ospina, dejando el balón libre en el segundo palo. Ramsey perdió por medio segundo la marca de Harry. Suficiente tiempo para que el partido pasase a estar empatado. El Tottenham siguió dominando, pero cada vez sus llegadas eran menos frecuentes, incluso el Arsenal mejoró con la entrada de Rosicky por un Cazorla fundido en tareas no habituales para él. Pero en el tramo final, Bentaleb centró al área, Kosicleny volvió a dejarle medio segundo y otra vez Harry anotaba. Su cabezazo fue perfecto. El Lane estalló rendido a su nuevo ídolo. Él que había tumbado a su eterno rival. 

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