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miércoles, 11 de marzo de 2015

EPOPEYA FRANCESA EN LONDRES

Noche de las grandes en Londres. Stamford Bridge fue testigo de un partido puro de Copa de Europa, con nervios, tensión, emoción y un final inesperado antes y durante el partido. El PSG se armó de valor, tiro de fútbol y sacó de la competición a un equipo como el Chelsea que sufrió el justo castigo a una eliminatoria rácana, donde siempre fue administrando sus esfuerzos y evitando arriesgar más de lo necesario hasta que se ha quedado fuera. Gran fracaso para un equipo que ha sido eliminado de la FA Cup por un tercera y de la Champions por un equipo que ha jugado durante 90 minutos con un futbolista menos fuera de casa. Ni antes ni después de la más que discutible roja a Ibrahimovic fue mejor el equipo de Mourinho.

Desde el inicio pudimos ver claramente cuál era el guion del partido. Pese a no crear ocasiones claras, el PSG salió a controlar el balón, a llevar el paso del partido y a buscar la portería contraria. Con un gran Pastore, que firmó uno de los mejores partidos de su carrera, filtrándose entre líneas desde la banda derecha, el PSG dominaba y esperaba su oportunidad para anotar. Pero entonces, en pleno proceso de control total del partido, llegó una jugada que el momento pareció roja y decisiva. Y que luego no fue ni una cosa ni otra. Oscar e Ibrahimovic se lanzaron a por un balón dividido y el árbitro Kuipers le saca la roja directa al sueco. Decisión escandalosa que hasta el descanso sacó al PSG del partido. El primer tiempo finalizo con el pique Diego Costa vs  David Luiz/resto del mundo en marcha y con un solo disparo a puerta de ambos equipos, hecho por Oscar.

Precisamente el brasileño, quien sabe si como castigo por osar a intentar atacar, se quedó en el banquillo en el descanso. Mourinho metió a Willian, pasó del 4-5-1 al 4-3-3 y se preocupó más del que no le atacaran que de cerrar la eliminatoria a base de atacar. Con 10, el PSG no se amilanó. Jugó más y mejor y Cavani, tras quedarse sólo ante Courtois y regatear al meta belga, desperdició la ocasión más clara del partido. A puerta vacía, con poco ángulo, su balón besó la madera. A 10 minutos del final, el PSG recibió un duro golpe que parecía definitivo con el tanto de Gary Cahill (otra vez un defensa, como en París) tras varios rechaces a la salida de un córner. Todo parecía perdido para el equipo de Blanc, pero David Luiz, que había logrado descentrar a Diego Costa (perdió los papeles ante Thiago Silva y tuvo que ser expulsado) logró empatar en el 86’ de esplendido cabezazo a la salida de otro córner. No fueron pocas las veces que el brasileño marcó en ese mismo estadio para los hoy sus ex compañeros. Así les devolvía la moneda. La prórroga era inevitable y la epopeya del PSG continuaba. Forzaba un tiempo extra pese a jugar con 10’ una hora de partido.

Pero lo mejor de la historia estaba por llegar. Thiago Silva vivió en sus carnes la más absoluta desesperación y el éxtasis total en cuestión de minutos. Primero, un penalti absurdo por una mano más que innecesaria en un balón sin peligro propició que Hazard anotase de penalti el 2-1 con una calma y clase pasmosa. Otra vez parecía todo perdido para los de Blanc, pero el técnico francés, ganase o perdiese, tenía la victoria moral de que había sido valiente y mejor durante toda la eliminatoria, por poco consuelo que fuese. Pero el fútbol, de vez en cuando hace guiños a los descarados, a los que no especulan y Thiago Silva encontró su redención en otro corner, donde cabeceo el balón, este hizo una parábola y se coló por encima de todos hasta que encontró las mallas. La machada estaba hecha. Entre faltas de impotencia por parte de los jugadores del Chelsea murió un partido bello, nervioso e inolvidable. Para todos lo último.

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