El Barcelona se
quitó la careta ante algunos que seguían empeñados en pensar que este equipo
guarda la esencia del Pep Team, de sobar la bola, de armarse a partir del balón
y de defender lejos del área. El Barça de Luis Enrique se presentó por primera
vez con todas sus galas, nos gustan más o menos, ante el gran rival. Cosa que
no hizo en el primer partido y así le fue como le fue. En Madrid fue un hibrido
entre el pasado (Busi, Xavi, Iniesta) y el futuro (Messi, Neymar y Suarez) y
palmó en el presente. Hoy Luis Enrique ya sabía lo que quería, tenía al equipo
tal y como quería y el resultado mejoró.
Aunque este pudo ser
otro. La primera parte puso al descubierto a un Barça que sin balón es preocupante
que piense que puede jugar como si nada. El Real Madrid fue mejor, tuvo más y
mejores ocasiones y terminó perdonando demasiado. Y el mérito de los blancos estuvo
que tuvo que reaccionar al gol de un protagonista inesperado del partido como
Mathieu, que cabeceó con fuerza una falta botada por Messi. El francés llegó en
tromba y su cabezazo fue imparable. Lejos de atemorizar el gol al Real Madrid, con
un Marcelo espectacular, siguió creando peligro y justo después de que, como en
el partido de ida, el Barcelona perdonase el 2-0 a un par de metros de la
portería (entonces fue Messi, hoy Neymar), acto seguido empató Cristiano. Como
en la ida. Entonces fue de penalti, hoy tras un lujo de Benzema, que asistió de
tacón al portugués. Desde entonces y hasta el final de la primera parte, el Real
Madrid tuvo el partido y el Barcelona no se enteró de la película. Corría, se esforzaba,
pero los tres de arriba pasaban desapercibidos. Especialmente Messi, encajonado
en banda, desde donde puede destrozar a casi cualquier rival, pero desde no
siempre puede hacer milagros. Desconectado el 10, el Barça también lo estaba.
Y el Barça se
conectó sin necesidad de recurrir al astro argentino. Llegó en una jugada
aislada, sin aparente peligro. Dani Alves recibió en su posición de lateral
derecho y lanzó rápidamente el balón en busca de los centrales blancos. Entre
ellos, Luis Suárez, batallador toda la noche, se coló, controló de lujo y batió
de tiro cruzado a Casillas. El Camp Nou estalló, el Real Madrid lamentaba. Le
habían dado un metro a Suárez y los había fulminado. Y los blancos ya no se
levantarían. El equipo de Ancelotti se vino abajo, el técnico italiano no hizo
mucho por evitarlo y el Barcelona empezó a perdonar un resultado muy abultado.
Messi empezó a intervenir, Suárez y Neymar encontraban espacios con facilidades
y el peligro era constante. Unas veces las malas decisiones de los atacantes
culés y otras veces Casillas evitaron más goles. Salvó un tiro de Benzema a falta
de 10’ que sacó Bravo, el Real Madrid no mostró más peligro. El partido terminó
con Luis Enrique poniendo juntos a Busquets, Mascherano, Xavi y Rafinha,
buscando entonces sí la posesión para defender el resultado, y con Ancelotti
haciendo cambios insípidos, que no cambiaron nada y que sólo sirvieron para que
Lucas Silva cuente a sus nietos que una vez jugó el clásico. Mateu pito, el
Barça gritó, el Real Madrid lamentó y Luis Enrique suspiro. Su idea había
pasado la prueba de fuego. La liga se acerca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario