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domingo, 22 de marzo de 2015

LUIS ENRIQUE PASA LA PRUEBA DEL ALGODÓN

El Barcelona se quitó la careta ante algunos que seguían empeñados en pensar que este equipo guarda la esencia del Pep Team, de sobar la bola, de armarse a partir del balón y de defender lejos del área. El Barça de Luis Enrique se presentó por primera vez con todas sus galas, nos gustan más o menos, ante el gran rival. Cosa que no hizo en el primer partido y así le fue como le fue. En Madrid fue un hibrido entre el pasado (Busi, Xavi, Iniesta) y el futuro (Messi, Neymar y Suarez) y palmó en el presente. Hoy Luis Enrique ya sabía lo que quería, tenía al equipo tal y como quería y el resultado mejoró.

Aunque este pudo ser otro. La primera parte puso al descubierto a un Barça que sin balón es preocupante que piense que puede jugar como si nada. El Real Madrid fue mejor, tuvo más y mejores ocasiones y terminó perdonando demasiado. Y el mérito de los blancos estuvo que tuvo que reaccionar al gol de un protagonista inesperado del partido como Mathieu, que cabeceó con fuerza una falta botada por Messi. El francés llegó en tromba y su cabezazo fue imparable. Lejos de atemorizar el gol al Real Madrid, con un Marcelo espectacular, siguió creando peligro y justo después de que, como en el partido de ida, el Barcelona perdonase el 2-0 a un par de metros de la portería (entonces fue Messi, hoy Neymar), acto seguido empató Cristiano. Como en la ida. Entonces fue de penalti, hoy tras un lujo de Benzema, que asistió de tacón al portugués. Desde entonces y hasta el final de la primera parte, el Real Madrid tuvo el partido y el Barcelona no se enteró de la película. Corría, se esforzaba, pero los tres de arriba pasaban desapercibidos. Especialmente Messi, encajonado en banda, desde donde puede destrozar a casi cualquier rival, pero desde no siempre puede hacer milagros. Desconectado el 10, el Barça también lo estaba.


Y el Barça se conectó sin necesidad de recurrir al astro argentino. Llegó en una jugada aislada, sin aparente peligro. Dani Alves recibió en su posición de lateral derecho y lanzó rápidamente el balón en busca de los centrales blancos. Entre ellos, Luis Suárez, batallador toda la noche, se coló, controló de lujo y batió de tiro cruzado a Casillas. El Camp Nou estalló, el Real Madrid lamentaba. Le habían dado un metro a Suárez y los había fulminado. Y los blancos ya no se levantarían. El equipo de Ancelotti se vino abajo, el técnico italiano no hizo mucho por evitarlo y el Barcelona empezó a perdonar un resultado muy abultado. Messi empezó a intervenir, Suárez y Neymar encontraban espacios con facilidades y el peligro era constante. Unas veces las malas decisiones de los atacantes culés y otras veces Casillas evitaron más goles. Salvó un tiro de Benzema a falta de 10’ que sacó Bravo, el Real Madrid no mostró más peligro. El partido terminó con Luis Enrique poniendo juntos a Busquets, Mascherano, Xavi y Rafinha, buscando entonces sí la posesión para defender el resultado, y con Ancelotti haciendo cambios insípidos, que no cambiaron nada y que sólo sirvieron para que Lucas Silva cuente a sus nietos que una vez jugó el clásico. Mateu pito, el Barça gritó, el Real Madrid lamentó y Luis Enrique suspiro. Su idea había pasado la prueba de fuego. La liga se acerca. 

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