El Sevilla entra la
historia. Varsovia decidía quien entraba en el olimpo del recuerdo, si un
Sevilla multicampeón o un Dnipro que ha ido tirando lógicas durante todo el
torneo. Al final, Carlos Bacca pesó mucho para felicidad del sevillismo y tristeza
ucraniana.
Empezaba la final
con un Sevilla claramente favorito ante un Dnipro que ya había cumplido sus
expectativas llegando al último partido de la competición. Y quizás, el no
tener esa responsabilidad le permitió salir más metido y adelantarse en una
gran jugada de Kalinic, que le ganó un balón por arriba en largo a Kolo, Mateus
se internó por banda izquierda y su centro lo remató el delantero croata a la
red. El Sevilla estaba incomodo, no trenzaba jugadas y el Dnipro le creaba
muchos problemas con el balón largo. Tardó unos minutos el equipo de Emery en
empezar a pisar el área Boyko y de la mano de Banega, logró remontar en tres
minutos. Primero un corner que sacó en corto y que el argentino puso en el área.
El balón, rechazado y sin dueño, le cayó a Krychowiak, que remató con todo y
empataba la final. Y poco después, otra vez Banega recibía en la medular,
encontraba a Reyes entre líneas, que
filtraba un pase escandaloso para que Carlos Bacca definiese de forma no menos
escandalosa y subiese el 1-2 al marcador.
El Sevilla había
hecho lo más complicado, darle la vuelta a un marcador adverso en una final
europea. Pero el Dnipro volvió a sacar del partido a los andaluces a base de
intensidad y de llegar rápido al área. Empezó a aparecer Konoplyanka en el
partido y un remate suyo hubiese sido el empare sino es por la fenomenal
intervención de Sergio Rico quitando el balón de la escuadra. No pudo hacer
mucho sin embargo cuando Rotan golpeo una falta en la frontal y puso el balón
en las mallas. El descanso llegaba con un sorprendente Dnipro plantándole cara
a un Sevilla inconsistente y descolocado ante el escenario que había tomado el
partido.
La segunda parte no
inició mucho mejor para los actuales campeones, con un Dnipro que sin hacer un
juego vistoso, lograban plantarse en campo contrario y poner en apuros a su
rival. Poco a poco, el Sevilla fue equilibrando la final, teniendo más posesión
aunque le costase crear ocasiones, pero metiendo otra vez a los ucranianos en
su campo. Con el paso de los minutos, el Sevilla seguía ofuscado, sin sufrir en
defensa pero sin capacidad de inquietar salvo en saques de esquina a la defensa
rival. Hasta que un balón llovido del cielo pasó por varias piernas, sin que
ninguna terminase de controlar el esférico. Vitolo le dio de escuela y ese
toque dejó solo al killer cafetero ante Boyko. No falló. El Dnipro lo intentó,
con Konoplyanka tirando del carro en busca del empate, pero el Sevilla sacó
entonces su empaque que le da la experiencia para ir agotando los minutos en
busca de la celebración. Con un gran susto que dio Mateus, al desplomarse sobre
el césped que hizo vivir momentos de verdadera tensión, y que se saldó “solo” con
la nariz rota, el árbitro pito y Sevilla volvía a ser eje central de la Europa futbolística.
Dnipro fue digno rival, pero la leyenda no conoce de impedimentos para vencer.
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