El bielsismo ríe.
Ante el pesimismo de un final de temporada que apuntaba a dramático, en un
partido grande, importante, en el que la Champions se podría despedir definitivamente
de Marsella, Marcelo Bielsa movió el banquillo y ganó remontando a su estilo
más reconocible, ese que nunca pierde, gane o palme.
Y eso que el partido
empezó de la peor forma posible para los locales. Martial arrancó por banda
izquierda, centro, Imbula despejó hacía los pies de Joao Moutinho, que de un
zapatazo violento anotaba ajustando el balón al palo derecho de Mandanda. Tras
ese gol, el partido siguió los caminos esperados cunado un equipo de Bielsa anda
de por medio. Poco control, muchas llegadas y oportunidades para ambos. El
Marsella, de la mano de un gran Mendy desde el lateral zurdo, creó mucho
peligro, pero no acertó a terminar de poner en problemas a Subasic. El Mónaco,
refugiado en su campo a las espera de contras, pudo sentenciar el encuentro en
los últimos minutos del primer tiempo, cuando tuvo las ocasiones más claras del
partido: un mano a mano de Fabinho (hoy otra vez mediocentro) que Mandanda
rechazó o un tiró al poste de Bernardo Silva que pudo haber cerrado el
encuentro.
Sin embargo, el
equipo de Jardim no lo hizo y lo pagó. Poco a poco el Marsella fue arrinconando
más y más a su rival. Bielsa, tras sustituir a Gignac para dar entrada a
Batshuayi, fue más valiente y quitó a Imbula para meter a Thauvin, quedando Romao
como único mediocentro. El acoso y derribo fue total y los goles terminaron
cayendo. El Mónaco sólo encajó cuando Abdennour, imperial rechazando todos los
balones que caían en el área, se fue lesionado. Al minuto de irse, empataba
André Ayew cabeceando una inteligente acción de Alessandrini. Y en el 87’ era el
propio Alessandrini quien anotaba el tanto de la victoria rematando un pase de
la muerte de Payet. El Mónaco no tuvo tiempo de reacción y el Marsella continua
vivo en sus aspiraciones de meterse en
Champions.
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