Pocos equipos serían
capaces de sobrevivir así. Un conjunto dejando a la deriva su glorioso pasado,
en el que cada año pasan jugadores de buen cartel y pobre rendimiento, sumido
en evitar un descenso que sería histórico, y que aun así, donde otros se dejarían
llevar por la depresión de un pasado glorioso y un presente aterrador, no se
rinden. Es más, juegan en esa zona roja como pocos equipos en el mundo. El
Hamburgo ha estado al borde del precipicio. Con alguno de los dos pies mirando
al abismo. Pero entonces, ha empezado a bailar sobre él para escribir unas
páginas de su historia emocionantes. No serán las más bellas, pero si las más
dramáticas. El libro del dinosaurio en Bundesliga tendrá otro año de capítulos.
La tarde pintaba a
histórica. El HSV salió consciente de lo que había en juego. Empezó dominando y
buscando el gol con ahínco. El Karlsruher esperaba en su campo, y con poco
éxito, intentaba salir a la contra. Pero, salvo Manu Torres, ninguno de sus
hombres de ataque lograron conectar contra alguna. Poco a poco, el HSV perdió
el empuje inicial y el equipo local se empezó a sentir menos agobiado, que no
cómodo, sobre el terreno de juego.
Yamada, que hoy
jugaba en sustitución Yabo, no tuvo un gran partido. No logró enlazar jugadas y
pocas de sus acciones fueron brillantes. A falta de un cuarto de hora, fue
sustituido por el propio número 8. El mismo que 6’ después lograba el tanto que
ponía a su equipo a un escalón de la Bundesliga. Hennings aprovechó un balón
perdido por el recién entrado Nicolai Müller y con un pase elevado dejaba a su
compañero sólo ante Adler. El gol venía a refrendar la mejoría de los locales
ante un Hamburgo venido a menos con el paso de los minutos, y en el que solo
Lassoga daba muestras de peligro ante Orlishaussen. Los de Labbadia se volcaron
con todo en los últimos minutos, el delantero alemán tuvo un remate al poste e
incluso Cleber Reis, central que entro para jugar de 9, casi marcar en su
primera acción. Pero el descenso amenazaba cada vez más, y entonces empezó el
baile.
Falta en la frontal
en el minuto 91. Marcelo Díaz, chileno y desde hoy mito del HSV, la ponía con
delicadeza en las mallas. Hamburgo estallaba. Habían mirado al descenso a la
cara y habían salido vivos. En la prórroga, todos más preocupados de que no
encajar que de buscar el tanto, peor habías pocas fuerzas y mucho espacio sin
defender. Cleber Reis, protagonista inesperado, entro en el área y puso el
balón al segundo palo. Allí Nicolai Múller, que más allá del error en el gol,
estaba cuajando una buena actuación, se anticipó a Kempe y ponía la firma
definitiva a la salvación del dino. Aún quedo tiempo para que Adler parase un
penalti. Sufrimiento echo virtud. Que el baile continué.
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