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lunes, 1 de junio de 2015

EL BAILE

Pocos equipos serían capaces de sobrevivir así. Un conjunto dejando a la deriva su glorioso pasado, en el que cada año pasan jugadores de buen cartel y pobre rendimiento, sumido en evitar un descenso que sería histórico, y que aun así, donde otros se dejarían llevar por la depresión de un pasado glorioso y un presente aterrador, no se rinden. Es más, juegan en esa zona roja como pocos equipos en el mundo. El Hamburgo ha estado al borde del precipicio. Con alguno de los dos pies mirando al abismo. Pero entonces, ha empezado a bailar sobre él para escribir unas páginas de su historia emocionantes. No serán las más bellas, pero si las más dramáticas. El libro del dinosaurio en Bundesliga tendrá otro año de capítulos.

La tarde pintaba a histórica. El HSV salió consciente de lo que había en juego. Empezó dominando y buscando el gol con ahínco. El Karlsruher esperaba en su campo, y con poco éxito, intentaba salir a la contra. Pero, salvo Manu Torres, ninguno de sus hombres de ataque lograron conectar contra alguna. Poco a poco, el HSV perdió el empuje inicial y el equipo local se empezó a sentir menos agobiado, que no cómodo, sobre el terreno de juego.

Yamada, que hoy jugaba en sustitución Yabo, no tuvo un gran partido. No logró enlazar jugadas y pocas de sus acciones fueron brillantes. A falta de un cuarto de hora, fue sustituido por el propio número 8. El mismo que 6’ después lograba el tanto que ponía a su equipo a un escalón de la Bundesliga. Hennings aprovechó un balón perdido por el recién entrado Nicolai Müller y con un pase elevado dejaba a su compañero sólo ante Adler. El gol venía a refrendar la mejoría de los locales ante un Hamburgo venido a menos con el paso de los minutos, y en el que solo Lassoga daba muestras de peligro ante Orlishaussen. Los de Labbadia se volcaron con todo en los últimos minutos, el delantero alemán tuvo un remate al poste e incluso Cleber Reis, central que entro para jugar de 9, casi marcar en su primera acción. Pero el descenso amenazaba cada vez más, y entonces empezó el baile.


Falta en la frontal en el minuto 91. Marcelo Díaz, chileno y desde hoy mito del HSV, la ponía con delicadeza en las mallas. Hamburgo estallaba. Habían mirado al descenso a la cara y habían salido vivos. En la prórroga, todos más preocupados de que no encajar que de buscar el tanto, peor habías pocas fuerzas y mucho espacio sin defender. Cleber Reis, protagonista inesperado, entro en el área y puso el balón al segundo palo. Allí Nicolai Múller, que más allá del error en el gol, estaba cuajando una buena actuación, se anticipó a Kempe y ponía la firma definitiva a la salvación del dino. Aún quedo tiempo para que Adler parase un penalti. Sufrimiento echo virtud. Que el baile continué. 

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