No sabría decir cuál
de los cosas es peor, pero hoy el miedo perdió ante el caos. Un equipo caótico,
sin un esquema de juego estructurado pudo con un equipo miedoso, cobarde, que
defendió un 1-0 y acabó fuera del gran banquete europeo de la Champions.
Los ataques del
Leverkusen al inicio del partido eran difíciles de descifrar. Pocos toques,
poca precisión y fin de jugada en nada. Pocas veces el equipo alemán culminó
sus ofensivas dentro del área. Más bien solían terminar en tiros de fuera del área
sin mucho peligro. La Lazio defendía sin muchos problemas pero en ataque lo
fiaban todo a lo que se inventara Keita Baldé. El delantero español se fabricó
dos buenas ocasiones, pero ese acabaría siendo todo el bagaje ofensivo lacial
en el partido. Los dos únicos tiros a puerta. El descanso amenazaba cuando a su
defensivo partido, la Lazio sumó despropósitos en defensas. De Vrij dejó correr
un balón por el área pensando que Berisha saldría a atraparlo. Tal cosa no
sucedió y el cuero, tras rebotar en varios jugadores, le llegó a Çalhanoglu,
libre de marca por la excesiva basculación de la defensa, anoto con la
facilidad de alguien que tiene un guante por pie derecho.
Y a los 2’ de
empezar el segundo tiempo, Leno saca en largo, Kiessling peina, Bellarabi mete
el balón en el área, la defensa no se da por aludida y Mehmedi, desapercibido
en el caos atacante del primer tiempo, anota el 2-0. Desde ese momento, el
Leverkusen bajó revoluciones, jugó más tranquilo y Kishna entró desde el
banquillo italiano para liderar la remontada. Pero no fue así. Mauricio era
expulsado con dos amarillas en menos de 10 minutos y Stefano Poli sacó a Felipe
Anderson del campo para poner otro defensa. Sólo en el tramo fnal dio entrada a
Ravel Morrison, pero no lograron inquietar a Leno. Lo que cayó fue el 3-0, tras
peinada de Kiessling, generosidad de Brandt y calma definitoria de Bellarabi.
El caos había triunfado.
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