Emirates. Anfield.
Etihad. Ahora mismo, ningún equipo puede presumir de lo que ha logrado el West
Ham. Ganar en tres de los estadios de los cincos equipos grandes de la Premier.
Después de un verano con dudas, con una eliminación europea en Malta incluida,
el inicio de la competición de la regularidad destapo el tarro de las esencias.
Con Payet al mando de las operaciones (claramente su referente en ataque), el
equipo de Bilic se ha situado segundo tras 6 jornadas. Y encima gana en campos místicos,
no le asustan los retos y pide paso como equipo revelación.
Además de ganar en el
Etihad, la proeza de hoy tenía un grado de dificultad añadida. Enfrente estaba
el líder, el equipo que lo había ganado todo hasta ahora. Un City que sólo
había sufrido el resbalón europeo, un resbalón que viendo cómo se desarrolló el
inicio de partido, parece haberle afectado. El equipo salió bajo de ritmo, con
poca capacidad de romper a jugar entre líneas y con mucha inseguridad en
defensas. Al primer ataque, Moses llegaba muy suelto a la frontal, lo que sería
tónica durante todo el primer tiempo, y soltaba un zarpazo fuerte y potente.
Hart no pudo hacer nada. El nigeriano recibió, controlo, miró y disparo sin que
Kolarov, los mediocentros o alguno de los centrales le tapasen. Un claro signo
de falta de concentración. En ataque, el City notaba en demasía la baja de
Silva, lesionado en el calentamiento. Ni Sterling, muy flojo hoy, ni De Bruyne
lograban hacer de forma parecida el papel del canario. Pronto se vio que el
único arma desequilibrante del City en el partido serían los continuos
desbordes de Jesús Navas, intermitentes en el primer tiempo y continuos en el
vendaval del segundo tiempo. Antes del descanso, el West Ham doblaba ventaja
con un córner en que hasta tres de sus jugadores tocaron el balón en el área antes
de anotar. Reid ganó el salto, Obiang la puso en el centro del área y Sakho la
envió al fondo de la red. Otro síntoma más de una defensa débil. De Bruyne, en
una de sus pocas acciones positivas del partido, logró recortar distancias
antes del descanso, tras recibir Agüero entre líneas de Otamendi.
Otamendi-Kun-De Bruyne. El mediocampo ni estaba ni se le esperaba.
Pero el segundo
tiempo fue otra cosa. Contadas las veces fueron las que el West Ham salió de su
campo. El City recuperó mucho balón muy arriba y Adrián empezó a verse muy
acosado, empezando así su festival de intervenciones. Navas recibía una y otra
vez para desbordar, Yaya Touré crecía exponencialmente en el partido y la
pareja Tomkins-Reid despejaba lo que no podía despejar Adrián. Sterling fue
sustituido por Bony a falta de 25’ y ese cambio frenó la vorágine de ocasiones.
El West Ham se preparó para sufrir en los últimos minutos con la entrada de
Antonio y Collins y el City buscó repetir fortuna con el nigeriano Iheanacho.
Al final, el West Ham culminó su heroica, derrotando al invicto líder y sumando
otro escenario majestuoso a su lista de víctimas.
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