Vive la isla de La
Palma días, diría incluso que meses, algo convulsos. Este revuelo no ha sido
provocado por políticos corruptos, conciertos de ídolos de masas de las
quinceañeras o por descubrimientos científico alguno. Ha sido por una institución
que siempre ha estado ligada al nombre de la isla, pero que llevaba algún
tiempo apartada del primer plano de la actualidad de la isla. Pero todo cambió
el pasado el 31 de mayo. El Club Deportivo Mensajero, el club más grande de la
isla, y tras un periodo por las catacumbas del fútbol isleño primero y autonómico
después, volvía 13 años después a la categoría de bronce del fútbol español. Aquellos
fueron días agitados, con el 0-0 en el Silvestre Carrillo y un partido de
vuelta en Pasarón que pego a todo palmero al ordenador, radio o dispositivo
móvil para seguir las andanzas del equipo rojinegro, que tras un dramático
partido, lograba el regreso a 2ºB. La gente se echó las calles, el tanto de
Silvano fue el más gritado en la isla en mucho tiempo y la ilusión volvía a
tomar las calles de la ciudad capitalina. Por unos días, las tertulias en el
bar no hablaban de Messi y de Cristiano, hablaban de que la temporada siguiente
a la isla vendría el Castilla de Zidane y equipos de solera como el Arenas de
Getxo.
El verano paso sin
mayor sobresalto hasta que una tarde agradable de julio, el estadio de
Miraflores recibía al nuevo flamante equipo de primera división, la UD Las
Palmas. Fue la primera muestra de que algo especial se viviría este año en la
isla. El partido no tuvo mucha historia, más allá de ver a Valerón derrochar
clase a cada pase que daba, y el 0-5 final reflejó lo visto en el campo. Ahí
nació algo. A partir de ahí, el inicio de la ilusionante temporada se acercaba
cada vez más y la expectación crecía. El sorteo de liga deparó que los pupilos
de Zidane serían los segundos en visitar la isla y la ilusión creció un poco
más. Dos empates iniciales a 0 en las dos primeras jornadas abrían el curso, y
cuando parecía que este seguiría su rumbo sin más, llegó la Copa. Curiosamente,
el Rayo Majadahonda, primer rival del curso liguero, fue también el rival en la
primera ronda de Copa. Y servidor, que más allá de mirar los resultados cada semana
del cuadro rojinegro, poca relación afectiva tenía con la entidad, decidió
acercarse al estadio, que total, solo son 5 minutos de cuesta y 8 euros en el
bolsillo de menos. Con amigos, empecé a descubrir las piezas del maravilloso
puzzle. A algunos ya los conocía del año pasado, de tanto que fueron nombrados
por el ascenso: Yeray “Arrugado”, el goleador del equipo, Dani López, que
cambió la camiseta blanca del eterno rival por la rojinegra, Fede, el capitán argentino-palmero,
que reafirma mi teoría de que en cada equipo debe haber un compatriota de
Mascherano o Rayco, el más talentoso del mediocampo. Pero habían llegados
fichajes nuevos y el resto de la plantilla me era más bien desconocida. Así que
nos dispusimos a ver el partido y, porque no decirlo, también a disfrutar de la
Copa hasta que los grandes la hagan un torneo enormemente tedioso con el doble
partido. De momento, era a partido único y había que disfrutarlo. El partido
fue más bien parco en calidad, pero el Mensa ganó con un error del meta
visitante y con una genialidad del espigado Joan Salvá, que tiro un túnel dentro
del área y logro en ese instante convertirse en ídolo de la ruidosa afición
rojinegra (http://www.rtvc.es/noticias/el-cd-mensajero-se-impone-al-majadahonda-en-copa-del-rey-2-0-140318.aspx?utm_source=twitterfeed&utm_medium=twitter#.VfCttRF_Okq). El premio por la victoria, la visita de un histórico como el Cádiz
al Carrillo. Y entre medias, Zidane. La locura se desató en la capital, el estadio
capitalino registró con la visita del filial merengue la mejor entrada quien
sabe si de su historia, y pese a la derrota, el trabajo estaba hecho. En un
horario mucho menos proclive a una gran entrada, un miércoles laborable por la
tarde, 1000 personas nos hemos citado en el campo situado en un barranco para
vivir de primera mano los días más felices de una institución que salió viva
del infierno del fútbol más modesto y que ahora ve como es nombrada en periódicos
de tirada nacional, aunque sea porque el Cádiz encuentra fatigoso coger 3
aviones para jugar un partido. Esta tarde se perdió en el campo, los jugadores
lo dieron todo y el sueño de equipos de mayor entidad en la isla se acabó. Pero
el año en el que el Mensajero volvió a ser noticia sólo acaba de empezar. Que
tiemble Zidane.
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