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miércoles, 9 de septiembre de 2015

TENÍA QUE ESCRIBIRLO

Vive la isla de La Palma días, diría incluso que meses, algo convulsos. Este revuelo no ha sido provocado por políticos corruptos, conciertos de ídolos de masas de las quinceañeras o por descubrimientos científico alguno. Ha sido por una institución que siempre ha estado ligada al nombre de la isla, pero que llevaba algún tiempo apartada del primer plano de la actualidad de la isla. Pero todo cambió el pasado el 31 de mayo. El Club Deportivo Mensajero, el club más grande de la isla, y tras un periodo por las catacumbas del fútbol isleño primero y autonómico después, volvía 13 años después a la categoría de bronce del fútbol español. Aquellos fueron días agitados, con el 0-0 en el Silvestre Carrillo y un partido de vuelta en Pasarón que pego a todo palmero al ordenador, radio o dispositivo móvil para seguir las andanzas del equipo rojinegro, que tras un dramático partido, lograba el regreso a 2ºB. La gente se echó las calles, el tanto de Silvano fue el más gritado en la isla en mucho tiempo y la ilusión volvía a tomar las calles de la ciudad capitalina. Por unos días, las tertulias en el bar no hablaban de Messi y de Cristiano, hablaban de que la temporada siguiente a la isla vendría el Castilla de Zidane y equipos de solera como el Arenas de Getxo.



El verano paso sin mayor sobresalto hasta que una tarde agradable de julio, el estadio de Miraflores recibía al nuevo flamante equipo de primera división, la UD Las Palmas. Fue la primera muestra de que algo especial se viviría este año en la isla. El partido no tuvo mucha historia, más allá de ver a Valerón derrochar clase a cada pase que daba, y el 0-5 final reflejó lo visto en el campo. Ahí nació algo. A partir de ahí, el inicio de la ilusionante temporada se acercaba cada vez más y la expectación crecía. El sorteo de liga deparó que los pupilos de Zidane serían los segundos en visitar la isla y la ilusión creció un poco más. Dos empates iniciales a 0 en las dos primeras jornadas abrían el curso, y cuando parecía que este seguiría su rumbo sin más, llegó la Copa. Curiosamente, el Rayo Majadahonda, primer rival del curso liguero, fue también el rival en la primera ronda de Copa. Y servidor, que más allá de mirar los resultados cada semana del cuadro rojinegro, poca relación afectiva tenía con la entidad, decidió acercarse al estadio, que total, solo son 5 minutos de cuesta y 8 euros en el bolsillo de menos. Con amigos, empecé a descubrir las piezas del maravilloso puzzle. A algunos ya los conocía del año pasado, de tanto que fueron nombrados por el ascenso: Yeray “Arrugado”, el goleador del equipo, Dani López, que cambió la camiseta blanca del eterno rival por la rojinegra, Fede, el capitán argentino-palmero, que reafirma mi teoría de que en cada equipo debe haber un compatriota de Mascherano o Rayco, el más talentoso del mediocampo. Pero habían llegados fichajes nuevos y el resto de la plantilla me era más bien desconocida. Así que nos dispusimos a ver el partido y, porque no decirlo, también a disfrutar de la Copa hasta que los grandes la hagan un torneo enormemente tedioso con el doble partido. De momento, era a partido único y había que disfrutarlo. El partido fue más bien parco en calidad, pero el Mensa ganó con un error del meta visitante y con una genialidad del espigado Joan Salvá, que tiro un túnel dentro del área y logro en ese instante convertirse en ídolo de la ruidosa afición rojinegra (http://www.rtvc.es/noticias/el-cd-mensajero-se-impone-al-majadahonda-en-copa-del-rey-2-0-140318.aspx?utm_source=twitterfeed&utm_medium=twitter#.VfCttRF_Okq). El premio por la victoria, la visita de un histórico como el Cádiz al Carrillo. Y entre medias, Zidane. La locura se desató en la capital, el estadio capitalino registró con la visita del filial merengue la mejor entrada quien sabe si de su historia, y pese a la derrota, el trabajo estaba hecho. En un horario mucho menos proclive a una gran entrada, un miércoles laborable por la tarde, 1000 personas nos hemos citado en el campo situado en un barranco para vivir de primera mano los días más felices de una institución que salió viva del infierno del fútbol más modesto y que ahora ve como es nombrada en periódicos de tirada nacional, aunque sea porque el Cádiz encuentra fatigoso coger 3 aviones para jugar un partido. Esta tarde se perdió en el campo, los jugadores lo dieron todo y el sueño de equipos de mayor entidad en la isla se acabó. Pero el año en el que el Mensajero volvió a ser noticia sólo acaba de empezar. Que tiemble Zidane.

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