Milán. A un lado, el Atlético de Madrid, seguramente el equipo que más claro tiene en Europa a que jugar y como tiene que hacerlo. Enfrente, el Real Madrid, el equipo que compite siempre mientras intenta averiguar a que juega. Y todavía no lo ha logrado. Creo que el Atleti es mejor equipo pese a tener peores jugadores, pero enfrente tiene al monstruo de las finales. Rara vez, por muy mal que llegué a ella, salen perdiendo los de la Castellana. Fue en una final de copa donde Simeone (decir Simeone es decir Atlético, así de grande en su importancia en todo estos años) ganó a un Madrid de Mourinho en retirada y ahí dicen los colchoneros que lo del pupas se fue al garate. Luego vino Lisboa y los mas pesimistas volvieron a creer en la leyenda de perdedores. Pero pocos han hecho tanto por desterrar ese fatalismo como el Cholo. Su equipo ha ganado a todos los grandes del continente y está ante el último escalón. Si lo sube, no habrá más. Estará en los libros de leyenda del club.
El Real Madrid, como equipo grande, no juega por ser leyenda sino por un número. 11. Otra cosa es que ese número sea leyenda. Zidane todavía no se ha descifrado como entrenador fiable o catastrófico. Ha tenido días mejores (Camp Nou) y días peores (el derbi en el Bernabéu), pero en líneas generales, todavía uno no sabe que esperar de él en los grandes días. Igual San Siro es el inicio de su definición. Su gran mérito ha sido unir a su vera a un vestuario que encontró unido pero en contra de Benítez. Se ha ido ganando a los jugadores y estos está dispuestos a jugar por su entrenador. Es lo primero que tiene que hacer un entrenador, el resto viene luego. Benítez no entendió esto y ahora dirigirá en la segunda división inglesa. Cosas.
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