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martes, 20 de enero de 2015

QUERER NO ES PODER

Conviene tenerlo claro. Porque si querer fuese poder, el Liverpool se hubiese llevado hoy de su propio estadio un resultado que le hubiese puesto muy cerca de la final de Wembley. Pero no siempre es así, y el Chelsea tendrá que no perder en su estadio para acceder a la final de la Capital One, aunque hoy no haya hecho méritos para llevarse tan buen resultado del estadio de los reds. Sólo dos disparos del Chelsea en todo el partido. Ese ha sido su pobre bagaje fruto de un planteamiento conservador, favorecido por un penalti  más que dudoso de Emre Can a Hazard a los 18 minutos de partido, que el propio jugador belga anotó. Desde entonces, el Chelsea retrocedió, se cerró en su campo y se dedicó a taponar los espacios que un Liverpool impreciso no encontraba. Los de Rodgers fueron todo voluntad y poca cabeza. No se les puede negar nada en cuanto a la actitud, pero en el primer tiempo sobretodo, fueron pocos certeros en los pases, por momentos sobrexcitados, incapaces de dar pausa a su juego y jugar con calma. Pero como su rival no hacía otra cosa que defender en su campo, no sufrieron acercamientos peligrosos y su dominio se incrementaba, aunque sin ocasiones claras.


Hasta que en el segundo tiempo si lograron lo que no habían hecho en la primera: gestionar con cabeza sus ataques. Poco a poco fueron incrementando su productividad de ocasiones de peligro sobre la meta de Courtois, y el belga, inédito en los primeros 45 minutos, empezaba a ver su noche complicada. Más después de que a los 59’ Sterling recibiese de espaldas en zona de 3/4, se girase, dejando atrás a Nemanja Matic, ganase por velocidad a Gary Cahill y batiese al belga de tiro cruzado. Un jugadón propio de un jugador brutal de tan sólo 20 años. La gran esperanza del Liverpool. De ahí al final, el asedio no disminuyó, fue in crescendo, con un tiro al poste de Gerrard, que dejaría su puesto en la mediapunta a Lallana, que también probo a Courtois, junto con Sterling o Henderson. Pero el meta nacido en  Bree estuvo seguro, despejó todo balón que le llegaba y le permitió a su equipo llegar con un resultado favorable para la vuelta. En su caso, querer si fue poder. El Liverpool no puede decir lo mismo. 

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