No habría mejor
lugar en el mundo para encontrar ejemplos máximos de alegría y decepción que
esta noche en el Amsterdam Arena. La alegría y la decepción llevados a su
máximo extremo. Aunque con un margen para poder ampliarse, porque ambas sensaciones
son el preludio de otras que pueden ser más fuertes.
Holanda es la viva
imagen de la decepción. Estrenaba hoy entrenador, Danny Blind, tras el fracaso
de Hiddink para heredar el legado de Van Gaal que tan bien lo hizo en Brasil.
Sin muchos cambios desde entonces, el equipo ha caído en picado. Y no es solo
por la derrota de hoy. Hoy Holanda está celebrando un gol de Letonia en el
descuento para no verse fuera de puestos de acceso a la Eurocopa, y en una fase
de clasificación que se presentaba magnánima con las grandes del continente con
sus 24 plazas. En el partido sería faltar la verdad que el azar jugó en contra
de los holandeses. Empezaron dominando, aferrándose a Robben para crear
peligro. El balón le llegaba al extremo del Bayern y este se venía al medio y o
bien tiraba o continuaba la jugada abriendo a la banda izquierda. Pero
bordeando la media hora, todo se vino abajo. Primero Arjen se lesionaba. La
única fuente de creación de peligro de Holanda rota. Ni Memphis ni su sustituto
Narsingh estuvieron a la altura, ni antes ni después de la lesión del extremo
de Groninga. Y apenas un par de minutos después de la lesión de su mejor
hombre, Martins Indi tenía un rifi rafe con Sigthórsson y, seguramente de forma
excesiva, veía la tarjeta roja. Blind, para recomponer su equipo, metía a Bruma
por Huntelaar. La pitada fue importante. Lo mismo que la ocasión que se le
presentaba a Islandia de hacer historia.
Los nórdicos nunca
han jugado un gran torneo de selecciones. Nunca habían ganado en Holanda. Lo
segundo lo lograron hoy, y es un gran paso para conseguir lo primero. En una
primera parte a la expectativa, donde apenas llegaron al área rival y sólo un
centro que no acertó a rematar Bödvarsson en boca de gol dio muestras de
peligro, Islandia veía como con el paso de los minutos la faena se le ponía de
cara. Y más aun cuando al poco de iniciar el segundo tiempo, Bjarnason, sin
duda el mejor jugador islandés hoy, era derribado por Van der Wiel en el área claramente.
Penalti y Gylfi que anotó con suspense, pues Cillesen llegó a tocar con la
mano. Desde entonces, 40’ para sufrir, para aguantar un marcador histórico y
decisivo a partes iguales. A pesar de retrocedes por momentos en exceso,
Halldorsson, el meta islandés, dio un curso de temple y bloco sin dudar todos
los intentos, casi siempre lejanos, del equipo holandés. Quincy Promes fue el
último cambio de Holanda en un claro
mensaje a Van Persie de que sus días de ser importante en la selección ya han
pasado. Gudmundsson estrelló un balón al poste y tenía otra buena ocasión más
adelante, siendo por tanto el jugador que más cerca estuvo de marcar el 2-0. El
partido se fue consumiendo entre la impotencia holandesa, huérfano de cualquier
plan más allá del balón colgado y una Islandia que defendía en su campo y
esperaba pillar algún balón suelto, sin arriesgar absolutamente nada. La
victoria les pone muy cerca de su primera Euro, tan cerca como una victoria el
domingo en su casa ante Kazajstán. A Holanda la derrota le pone en la situación
de que no se permite un fallo más. Depende de si misma para ser 3º, pero una
derrota en Estambul el domingo los pone más fuera que dentro. Tiene
prácticamente imposible ir de manera directa. La alegría y la decepción fueron
importantes hoy, pero pueden ser aún mayores en los próximos días.
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